Fernando Gutiérrez

Fernando Gutiérrez

De barrio en barrio

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La Puerta del Cielo

Trasladarnos al Medio Oriente, aunque no tengamos un peso en el bolsillo, es posible. Tan sólo hay que ir al número 107 de la calle Venustiano Carranza, en pleno Centro Histórico de la capital, y listo. Nos toparemos con una iglesia greco-melquita, donde las misas se ofician en griego, español y árabe. Además, un lugar que engarza leyendas tan polémicas como interesantes.

Obra de los frailes dominicos, en 1603, con el propósito de crear un colegio para su orden, hoy es una joya invaluable en medio de una ciudad que ha dejado de admirar las piezas históricas.

Nos referimos a la Catedral de Porta Coeli (Puerta del Cielo), hermosa por su fachada neoclásica y sus imponentes murales de mosaicos bizantinos. Son ocho y representan algunas escenas de los Evangelios. Por ejemplo, cuando Jesús fue envuelto en la Sábana Santa. También figuran la Asunción, la Natividad, el Pentecostés, la Madre de Jesús y la Divina Providencia.

En este templo estudió fray Servando Teresa de Mier, personaje polémico por haber asegurado que el lienzo con la imagen de la Virgen de Guadalupe fue traído a México por el apóstol Tomás (a quien los indígenas confundieron con Quetzalcóatl) y que, por tanto, no hubo tales apariciones en el Tepeyac. Claro, ello le valió ser encarcelado y hasta el exilio por décadas.

También, en este recinto, hay una réplica exacta del Señor del Veneno, un cristo negro que milagrosamente salvó la vida de un hombre envenenado tras besar los pies de la figura. En ese momento, el Cristo se tornó negro.

La pieza original está en la Catedral Metropolitana, desde 1935, cuando una segunda Guerra Cristera obligó a cambiarlo de sede porque al templo Porta Coeli le habían prendido fuego los Camisas Rojas, organización antirreligiosa de la época.

El recinto fue expropiado, fragmentado y vendido por la Guerra de Reforma. Llegó a ser incluso un archivo del Gobierno. El templo volvió a comulgar con Roma en 1724, y gracias a las comunidades de Líbano, Siria, Jordania y Egipto, hoy rinde culto greco-melquita. 

Cabe señalar que, aun cuando el servicio es ortodoxo y en tres idiomas, predica los mismos valores del catolicismo y cristianismo: amor y perdón, hoy tan olvidados no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo.