
Qué buena está Doménica Montero, la nueva telenovela nocturna de Las Estrellas.
He tenido el privilegio de verla desde que se estrenó en ViX y, como pocas veces en los últimos años, toda mi familia se “picó” y aunque conocimos las versiones anteriores, esta nos encanta y seguramente a usted también.
¿Por qué? Porque es volver a ver una telenovela de verdad, como eran las de antes: melodrama, melodrama y más melodrama.
Está todo lo que hizo grande a este género: el mejor de los repartos, pocos personajes, buenos y malos, ricos y pobres, teatralidad, besos, gritos, llanto, cachetadas y amor, mucho, muchísimo amor.
Nada de que, si serie, cine, complejidades editoriales, mensajes educativos y todas esas “modernidades” que, ojo, no son malas, pero que a fuerza de ponerse tantas veces en pantalla acabaron enterrando el saborcito rico de lo que fue, es y será por siempre una buena telenovela mexicana.
Por si esto no fuera suficiente, las actuaciones de los protagonistas están sensacionales.
Angelique Boyer le da vida a una mujer que, sin dejar de representar algo clásico, conecta con las mujeres de hoy. Es fuerte, pero tiene corazón. Está empoderada, pero, al mismo tiempo, enamorada. ¡Es lo máximo!
Marcus Ornellas está haciendo la interpretación más perfecta de su carrera porque sí, es el galán. En telenovela, eso pesa. Pero no sólo es un hombre guapo. Es el que dice cosas, que siente, que abre caminos. ¡Felicidades!
Scarlet Gruber, con su trabajo aquí, ya se puede inscribir en ese lugar de oro, donde sólo han entrado las actrices que le han dado vida a las mejores villanas de esto como María Rubio, Itatí Cantoral, Chantal Andere y Cinthya Klitbo. ¡Bravo!
Lo de Brandon Peniche es increíble. El señor se ha convertido en alguien tan versátil que no sólo puede ser el mejor galán de telenovela. ¡No! ¡Qué tamaño de villano maligno, rudo y venenoso! Hay que darle un premio ya.
Luche con todas sus fuerzas por ver Doménica Montero en Las Estrellas. Le va a gustar. De veras que sí.