Las inundaciones también contaminan

El Servicio Meteorológico de la Comisión Nacional del Agua anunció el 15 de mayo de 2024 el inicio de la temporada de huracanes, ciclones y tormentas tropicales en el país. Para el océano Pacífico previó de 15 a 18 meteoros y, en el Atlántico, de 20 a 23. Esto representa un aumento de 50 % respecto a 2023, debido al incremento de la temperatura del Pacífico por el fenómeno de El Niño.

Con las lluvias registradas en julio y agosto de 2024, se han recibido volúmenes de agua que rebasan la infraestructura hidráulica -bordos, represas y drenajes municipales-, así como los cauces de ríos, lagos y lagunas.

A ello se suma un problema estructural: muchos ríos son utilizados como basureros. No sólo por más de 45 mil descargas directas de aguas residuales provenientes de actividades industriales, artesanales y agropecuarias, sino también por descargas municipales deficientemente tratadas o, incluso, sin tratamiento alguno.

Estos ríos arrastran cientos de sustancias químicas tóxicas, como plaguicidas, insecticidas, grasas, aceites y solventes de origen petroquímico. También contienen metales pesados presentes en pinturas, como plomo, níquel, cadmio y arsénico. A ello se suman contaminantes emergentes, entre ellos drogas sintéticas, hormonas y antibióticos.

Cuando ocurren lluvias torrenciales, los cuerpos de agua se desbordan. El resultado es una grave contaminación de suelos agrícolas y zonas urbanas, donde el agua entra directamente en las viviendas de personas que habitan en zonas vulnerables.

Esta contaminación suele pasar inadvertida, pero su impacto es incalculable. Los suelos contaminados producen alimentos contaminados. Además, muchos de estos residuos tóxicos permanecen dentro de las viviendas, incluso después de que el nivel del agua desciende.

 

*Carlos Álvarez Flores, presidente de México, Comunicación y Ambiente, A.C.

Experto en gestión de residuos y cambio climático