Narcopolítica

La solicitud de arresto con fines de extradición del gobernador con licencia sinaloense Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios locales por acusaciones de estar coludidos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa, el 29 de abril, cambió por completo el tono de las relaciones México-Estados Unidos y dominó el discurso del 31 de mayo con una presidenta Sheinbaum Pardo en modo de nacionalismo extremo.

Pero hay que dejar claro que nadie se desgarra las vestiduras por Estados Unidos ni por sus intenciones imperiales, sobre todo en la era Trump, de extender la doctrina Monroe de hegemonía de sus intereses en todo el mundo, además de revalidar la del Destino Manifiesto que, a principios del siglo XVIII, colocó los intereses norteamericanos como el centro del planeta.

La respuesta mexicana en el monumento a la Revolución, el domingo 31 de mayo, tiene que ubicarse en su verdadero contexto histórico: la defensa del gobernador Rocha Moya y coacusados bajo la argumentación de injerencismo estadounidense, aunque debe dejarse muy claro que se trató sólo de una solicitud de arresto con fines de extradición basada en el Tratado Bilateral de Extradición entre los dos países que en México tiene valor de ley suprema con fundamentación constitucional.

Nadie discute el derecho de la presidenta Sheinbaum de enarbolar la bandera nacionalista contra el injerencismo vecinal, pero Estados Unidos. no quiere invadir México, ni desea adjudicarse otros estados territoriales mexicanos como en 1847, ni tampoco tomar posesión del gabinete de seguridad interior. Los datos proporcionados por la solicitud de arresto con fines de extradición son suficientes para que México entregara a Rocha Moya y coacusados a fin de ser juzgados en Nueva York.

No debe confundirse el nacionalismo histórico que se forjó en 1847 con la defensa de funcionarios que en México ya fueron probadamente señalados como cómplices del narcotráfico.

Rocha y cómplices son requeridos por narcopolíticos, no por expansionismo territorial estadounidense.