
A diario escuchamos noticias sobre la violencia en el país y también de lo que ocurre con los grupos criminales en diversas colonias: desde el robo de espejos en los automóviles hasta delitos aterradores. Ello indica que algo muy grave estamos haciendo todos como sociedad.
Ciclistas y motociclistas que se meten en sentido contrario, automovilistas que no respetan los semáforos o salen a manejar con la adrenalina a tope intentando ganarles el paso a todos. Ciudadanos que se apropian de las calles como si fueran suyas, ya sea cobrando por estacionarse o colocando botes y vallas en espacios públicos. Transeúntes que van por la calle pensando sólo en sus necesidades, sin fijarse si estorban, si están utilizando un lugar para alguna persona con discapacidad, si avientan a un adulto mayor o si alguien requiere ayuda.
Todos esos hechos, en el día a día, apuntan a una falta de respeto a las reglas, van dando una enseñanza a los niños: no hay necesidad de respetar nada ni a nadie. Los valores se transmiten no sólo de palabra, las acciones cotidianas que hacen los adultos, todos, con quienes entra en contacto un infante enseñan a respetar o no los derechos de los demás, a ser empáticos y responsables con sus acciones, a asumir consecuencias de los actos.
Sin duda nos escandalizamos por los delitos que vemos o escuchamos diariamente; pero, ¿qué estamos haciendo como sociedad para cambiar esto?, ¿respetamos las reglas mínimas, somos responsables de nuestros actos, pensamos en los demás también y no nada más en nuestras necesidades?
Reflexionar y actuar ayudarán a lograr una transformación.