
El bebé descubre sus manos y, a partir de los 3 meses, comienza con movimientos motores cada vez más finos con ellas, las observa y se las lleva a la boca. A los 4 meses logra tomar un objeto intencionalmente cuando se lo damos, y entre los 5 y 6 meses mide mejor la distancia para sujetarlos y manipularlos por sí mismo.
Alrededor de los 9 meses es capaz de tomar objetos con los dedos índice y pulgar; sin embargo, no sabe cómo soltarlos.
Entre los 18 y los 24 meses empezará a usar más una mano que la otra, y hasta los 3 años y medio escogerá con cuál va a usar un lápiz o crayola, debido a que todavía no tiene la lateralidad establecida y no es conveniente interferir en su proceso. A los 5 años consigue un agarre funcional.
Algunos niños pueden presentar dificultades en la coordinación motora fina y los padres lo perciben cuando se les caen los objetos constantemente, les cuesta trabajo comer con cubiertos, abotonar y desabotonar, tomar crayolas o colores, recortar y vestirse, entre otros.
Ello puede deberse a un trastorno del desarrollo de la coordinación que también se le conoce como “dispraxia”. Esto no tiene relación con que tenga o no ganas de hacerlo, sino que el cerebro no manda la señal adecuada a sus manos para hacer el movimiento específico en determinada actividad.
Otro problema que se puede desencadenar por estas dificultades es un bajo tono muscular; el cerebro sí manda la señal, pero no cuenta con la fuerza necesaria para ejecutarla.
Si notas que tu hijo muestra este tipo de problemas, es importante que te acerques a un especialista para evaluarlo y hacer un plan de intervención acorde con sus necesidades. Con la práctica y la motivación adecuada podrá alcanzar los objetivos planteados y mejorar su desempeño en esta área.
*Especialista en desarrollo infantil