
Al gran Antonio Carbajal siempre lo vamos a recordar por ser el primero en la historia del futbol en jugar cinco Copas del Mundo, fue un guardameta que dejó huella por su eficacia para atajar balones e impedir goles con asombrosa habilidad, utilizando sus brazos y piernas, en una época en la que los equipos alineaban cinco delanteros y solamente tres defensas.
Carbajal tenía todas las fortalezas que un portero puede poseer: seguridad de manos, buena colocación en el arco, buen criterio para definir una jugada, voz de mando y liderazgo para ordenar a sus compañeros en la zaga. La portería le quedaba chica porque su figura se agigantaba en el arco.
Un día, le pregunté a don Ignacio Trelles, su entrenador en los mundiales de Chile 1962 e Inglaterra 1966, por qué prefirió a Antonio Carbajal en lugar de Jaime “Tubo” Gómez, arquero del campeonísimo Guadalajara, y me respondió categóricamente: “Porque Carbajal era más líder “. Y, efectivamente, una de las mayores virtudes del arquero mexicano era su liderazgo, su enorme capacidad para ordenar a sus defensas y levantarles la moral a sus compañeros en las situaciones más adversas.
También será recordado porque en sus inicios, en unas visorias para formar parte del Club España, él fue elegido en competencia directa con su amigo José Alfredo Jiménez, el extraordinario compositor de música ranchera, que también jugaba como portero en el equipo juvenil del Oviedo, donde alternaba con Carbajal. “El fútbol perdió a un prospecto para guardameta, pero México ganó a un compositor de talla mundial”, le comenté muchas veces al legendario arquero nacido el 7 de junio de 1929 en León, Guanajuato.
Lo recordaremos, además, porque como entrenador le imprimió a sus equipos la combatividad
y fiereza que a él lo distinguieron en la cancha, sumado a su sabiduría para plantear la mejor estrategia y hacer más eficientes a sus jugadores, especialmente en Unión de Curtidores y Atlético Morelia, con planteles modestos y altamente productivos.
Son estas líneas un homenaje para quien también fue un distinguido colaborador en nuestra publicación mensual de Siminforma.
Hasta siempre, “mi buen”, como nos decía coloquialmente don Antonio Carbajal, a quien, por cierto, el futbol mexicano le quedó a deber un homenaje en vida.