
En la mitología griega, Perseo, hijo de Zeus, mata a Medusa y, de la sangre de esta, emana Pegaso, símbolo de la libertad.
El historiador Guillermo Tovar de Teresa escribió: “En 1624, un motín, el más violento estallido social desde la Conquista, dejó en ruinas el palacio y tuvo que ser reconstruido a toda prisa para alojar al nuevo virrey Rodrigo Pacheco de Osorio. Y en 1925 volvió a montarse la fuente ochavada del Pegaso, obra que había sido destrozada”.
El sabio Carlos de Sigüenza y Góngora narró: “En 1692, la ciudad sufrió terrible hambruna. Indígenas, mestizos, negros y españoles pobres irrumpieron en el palacio virreinal y destruyeron todo a su paso. En el patio central, de la fuente de mármol, rematada en lo alto por un Pegaso, no quedó piedra sobre piedra. Era un tesoro del siglo XVII”.
En 1970, la prensa informó: “El gobierno repondrá la fuente. El arquitecto Sergio Zaldívar y el escultor Humberto Peraza harán la réplica del monumento”.
Y, desde entonces, Pegaso agita de nuevo sus alas en un vuelo que enaltece sus tres virtudes: valor, prudencia e inteligencia, habilidades que se supone debe tener todo gobernante de Palacio Nacional. Bueno, sólo se supone… /
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