
El Convento de San Jerónimo cumple 400 años en este abril, y Sor Juana, 324 de haber fallecido. Fue un retiro que comenzó con cuatro monjas. Cerró sus puertas tras las Leyes de Reforma. Luego fue cuartel, caballerizas y hospital militar. También, teatro, cabaré, vecindad, estacionamiento y, ahora, universidad.
Ubicado en Izazaga 92, fue uno de los primeros conventos de la Nueva España cuando dos acaudaladas familias fusionaron sus mansiones que ocupaban toda la manzana. Era para ricas. Las monjas debían dar una dote de tres mil pesos, de aquellos.
En 1629, lo cubrió la Gran Inundación hasta que el agua se evaporó tras cinco años. A finales del siglo XX, el gobierno se lo dio como forma de pago al arquitecto Antonio Rivas Mercado, quien lo regaló a sus hijas Alicia y Antonieta.
Esta última abrió allí el teatro Ulises y el salón de baile El Pirata, transformado luego en el Smyrna Dancing Club, donde bailaban Novo y Villaurrutia.
Patrimonio de la Humanidad, hoy es el Claustro de Sor Juana. Allí vivió 27 años la poeta hasta morir por la peste, a los 46. Dato curioso: en abril también falleció Octavio Paz, un estudioso de la obra de la décima musa.
La construcción, de estilo barroco herreriano, aún conserva sus seis patios, el claustro con la campana original, dormitorios, refectorio, algunas celdas y un huerto. Puede visitarse.