Cultura

Resaca del tequila: el costo forestal para el campo mexicano por decir salud

La acelerada expansión de esta industria ha transformado el paisaje agrícola y forestal de parte del campo mexicano.

De Los Altos de Jalisco a las sierras de Guanajuato y Michoacán, la fiebre por este destilado reemplaza selvas y pinares por un mar de pencas homogéneo, amenazando el equilibrio del campo y exponiendo una brecha entre las promesas de sustentabilidad de las marcas y la impunidad ecológica.

 

Impulsado por un crecimiento histórico en las exportaciones y en la demanda global de destilados de agave, el cultivo de Agave tequilana Weber variedad azul, ha pasado de organizarse en cuencas agroindustriales tradicionales a desplegarse de manera expansiva sobre áreas con vocación forestal.

 

 

La sustitución de ecosistemas de bosque templado y selva baja caducifolia por monocultivos intensivos de agave representa hoy uno de los principales vectores de cambio de uso de suelo en la región de la Denominación de Origen Tequila (DOT).

Las zonas más afectadas

De acuerdo con los registros de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial de Jalisco (SEMADET) y el Consejo Regulador del Tequila (CRT), el estado de Jalisco concentra aproximadamente el 73 por ciento de la superficie total cultivada con agave dentro de la DOT, superando las 210 mil hectáreas registradas.

 

El impacto sobre la cobertura vegetal silvestre se distribuye en las siguientes regiones: Los Altos, que es una de las zonas agrícolas históricamente más dinámicas, donde la presión por terrenos arables ha provocado la fragmentación de bosques de encino y pino-encino, así como la conversión de pastizales naturales; la región Valles y Sierra Occidental, donde las laderas montañosas de esta franja han registrado una progresiva deforestación de selva baja caducifolia y la topografía accidentada incrementa los riesgos de erosión hídrica severa tras la remoción del arbolado nativo para la siembra en pendientes pronunciadas.

En la misma entidad se localiza la región Sur y Centro, con zonas de amortiguamiento e influencia de Áreas Naturales Protegidas, como la Sierra de Quila y el Bosque La Primavera, que han resentido la invasión gradual de parcelas agaveras en sus perfiles limítrofes.

 

Guanajuato, Nayarit, Michoacán y Tamaulipas también cuentan con municipios con declaratoria de Denominación de Origen, como Pénjamo y Manuel Doblado en Guanajuato, o diversas cuencas en Michoacán y Nayarit, donde la sustitución de matorrales xerófilos y selvas secas por vegetación homogénea de agave muestra patrones de aceleración vinculados al aumento del precio de la materia prima en los ciclos de escasez.

 

Voces optimistas

Según el análisis del Sistema Nacional de Monitoreo Forestal de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y las publicaciones operativas de la SEMARNAT en el Programa Nacional Forestal delinean la magnitud del fenómeno a nivel nacional e industrial, la respuesta gubernamental ante el fenómeno se ha articulado a través de instrumentos normativos, plataformas cartográficas digitales y convenios interinstitucionales de autorregulación.

 

Uno de ellos es la marca de certificación Agave Responsable Ambiental (ARA), que diseñó el gobierno de Jalisco, en conjunto con las autoridades ambientales de Guanajuato y la cadena agroindustrial.

 

Este mecanismo establece que el agave utilizado para la producción de tequila no debe haber provocado la deforestación de bosques naturales a partir del año base 2016.

Agave Responsable Ambiental (ARA): El mecanismo busca evitar que la expansión de los cultivos de agave para producir tequila provoque deforestación de bosques naturales, mediante la certificación de plantaciones que no hayan generado pérdida de cobertura forestal desde 2016 (Foto ilustrativa) / Foto: Cortesía Secretaría de Agricultura

Para respaldar el programa, la SEMADET desarrolló el Mapa de Elegibilidad ARA, un sistema de información geográfica geoespacial que delimita cerca de tres millones de hectáreas con aptitud agrícola preexistente, bloqueando la posibilidad de registrar parcelas de agave instaladas sobre vegetación forestal removida posteriormente a 2016.

 

La meta de la administración estatal es que para el año 2027 el cien por ciento del suministro de agave para la bebida sea completamente libre de deforestación.

 

A nivel federal, la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) operan bajo el marco de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable (LGDFS), que dice que los cambios de uso de suelo en terrenos forestales son de carácter excepcional y requieren autorización expresa previa evaluación de impacto ambiental.

 

El sector empresarial tequilero, representado por el Consejo Regulador del Tequila (CRT) y las firmas destiladoras asociadas, asegura que ha incorporado la sustentabilidad como un pilar de competitividad técnica e internacional.

“Hoy somos conscientes de que contar con procesos y productos que generen menos emisiones constituye un factor de diferenciación en los mercados internacionales; con estos trabajos la Cadena Agave Tequila buscará tener el liderazgo para convertirnos en referente como producto emblemático de México, y con un alto sentido de responsabilidad ambiental”, ha dicho Miguel Ángel Domínguez Morales, Presidente del CRT.

 

Las principales medidas operativas que la industria presume son que desde 2021, el CRT exige la presentación del Reporte de Compatibilidad ARA para la inscripción de nuevas parcelas agaveras en sus padrones oficiales de certificación de origen, además de la agricultura por contrato y planeación, que consiste en la promoción de acuerdos de proveeduría directa entre industriales y agricultores para evitar expansiones desordenadas derivadas de especulaciones de precio.

 

En esa misma línea se encontrarían el financiamiento de reforestación institucional, que aporta fondos al Fideicomiso para la Administración del Programa de Desarrollo Forestal del Estado de Jalisco (FIPRODEFO) para la operación de viveros forestales y la producción de plántulas nativas orientadas a la restauración de Áreas Naturales Protegidas.

 

“Desde 2016 la agroindustria tequilera cuenta con su Estrategia de Sustentabilidad, teniendo siete ejes de acción: la descarbonización de la industria, el uso eficiente del agua, prácticas agrícolas sostenibles, Tequila cero deforestación, tratamiento de residuos, fortalecimiento de programas sociales y el desarrollo económico de la región”, ha asegurado Eduardo Ibarra Arellano, Responsable de Proyectos de Sustentabilidad en el CRT.

 

En esa misma línea, Ramón González Figueroa, quien es director CRT, ha dicho que gracias a estos instrumentos, en dos años se han frenado 17 mil hectáreas que se iban a deforestar.

La mirada crítica

Activistas, miembros de la sociedad civil y organizaciones comunitarias han hecho énfasis en las deficiencias de fiscalización punitiva y en la persistencia de prácticas irregulares sobre los campos.

 

El Artículo 97 de la LGDFS prohíbe el otorgamiento de autorizaciones de cambio de uso de suelo en terrenos forestales incendiados antes de que transcurran 20 años, medida orientada a desincentivar las quemas provocadas intencionalmente para la posterior siembra de cultivos comerciales.

 

Sin embargo, colectivos ambientales y agrupaciones regionales, entre ellos la Unión de Pueblos y Organizaciones por el Agua, el Territorio y la Salud, han emprendido acciones de monitoreo, documentación de talas no autorizadas y denuncias formales ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA). 

 

“Hasta 2023 se tenía contabilizado que 39 mil hectáreas de bosque de nuestro estado se han estado cambiando a áreas de cultivo de manera ilegal, mediante talas e incendios que bien parecen provocados porque después del incendio han venido los cultivos de agave y aguacate, cuando la ley ya está reformada para que después de 20 años esos terrenos de bosque no se puedan cultivar”, asegura Carlos Chávez, miembro del colectivo mencionado.

 

Las organizaciones independientes señalan que la certificación voluntaria ARA debe complementarse con procedimientos penales expeditos contra los infractores del código ambiental y con una estricta aplicación de la veda de 20 años tras incitación de incendios.

 

Asimismo, activistas comunitarios impulsan proyectos locales de reforestación autónoma, rescate de agaves nativos no agroindustriales y defensa de las microcuencas hídricas afectadas por el desmonte y la aplicación masiva de agroquímicos.

 

En esa misma línea, jóvenes organizados y comunidades buscan recuperar por medio de jornadas de reforestación los terrenos afectados por años de crecimiento de esta industria.

 

El fin de semana pasado, 150 habitantes de los Altos de Jalisco realizaron una siembra de 300 árboles para paliar los efectos de la deforestación para la siembra de agave.

 

“Se han deforestado mucho los campos (...) Antes eran más milpas lo que había y ahora yo creo que están a partes iguales el agave y el maíz. Tal vez por el trabajo, el maíz es mal pagado y la gente optó por hacer otra cosa y se fueron por el agave que era bien pagado en un tiempo”, dijo a la agencia EFE Alma Delia Fernández, voluntaria y habitante del municipio de Jesús María, quien acudió a esta jornada por segundo año consecutivo.

 

Y ahora, ¿qué sigue?

De acuerdo con los expertos, el avance hacia un modelo de producción tequilera con impacto ambiental neutro depende del acoplamiento efectivo entre la fiscalización penal del Estado y los mecanismos de autorregulación de la industria.

“Este esquema de colaboración incluye acciones estratégicas orientadas a disminuir el impacto ambiental, tanto del cultivo como de la producción del tequila. La primera acción refiere al diseño e implementación del Protocolo y Certificado Agave-Tequila Cero Deforestación, a través de criterios medioambientales emitidos por la Semadet para la planificación, zonificación y verificación”, dijo Sergio Graf Montero, ex-Secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial de Jalisco.

 

El cumplimiento de la meta ARA programada para 2027 representa el compromiso articulado entre la autoridad ambiental y la agroindustria para salvaguardar el capital natural de los ecosistemas del occidente del país sin comprometer la relevancia económica, histórica y cultural de la bebida nacional de México.

El Sol de México

12/08/2026

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