Héctor Zagal

Héctor Zagal

Comprimidos del Dr. Zagal

Twitter: @hzagal |

Vocabulario mortal

En México tenemos muchas maneras de decir que alguien murió. Uno fallece, perece, expira, pasa a mejor vida, cuelga los tenis o se petatea. La muerte es inevitable; nombrarla directamente, al parecer, no tanto.

“Fúnebre” viene del latín funus, funeral o ceremonia mortuoria. De ahí se derivan también “funeral” y “funerario”. “Difunto”, en cambio, procede del latín defunctus, participio de defungi: cumplir, terminar una obligación. El difunto es, literalmente, quien ya cumplió. Suena casi administrativo.

“Féretro” viene del latín feretrum, y este del griego phéretron: aquello que sirve para llevar algo. Al principio, un féretro era sencillamente una especie de andas. Luego terminó especializado en transportar al pasajero que ya no protesta por el camino. Más impresionante es la palabra “sarcófago”, del griego sárx, carne, y phageîn, comer. El sarcófago es el “comedor de carne”. Macabro, pero elegante. “Ataúd”, nos llegó del árabe. Las palabras también viajan, aunque sea rumbo al cementerio.

Pero los mexicanos preferimos quitarle solemnidad al asunto. “Petatearse”, voz náhuatl, petlatl, petate que servía para dormir y también podía envolver al muerto.

Cada generación inventa sus rodeos. Antes se “estiraba la pata”, se “colgaban los tenis” o alguien “se iba al otro barrio”. Hoy, los chavos recurren a los videojuegos: “se fue al lobby”, “ya no respawneó”, “se quedó sin vidas” o “le dieron game over”. Y en las redes aparecen fórmulas todavía más extrañas: “se desuscribió de la vida” o simplemente “dejó el servidor”. No siempre es puro humor. Las plataformas han acostumbrado a muchos usuarios a evitar ciertas palabras y a disfrazarlas para burlar filtros o moderaciones.

Cambian los ataúdes y cambian los videojuegos. Cambian también las palabras. La muerte, en cambio, sigue sin necesitar actualización.