Son 163 objetos musicales
Uno de los misterios más grandes sobre el estilo de vida de los pueblos prehispánicos es su música. Por ello, la exposición Tlapitzalli: Ritos y sonidos del México antiguo, que abrió sus puertas ayer en el museo Scuderie del Quirinale, en Roma, Italia, busca adentrarse en los aspectos de esta disciplina y sus funciones en la vida cotidiana de las múltiples culturas de nuestro país.
En entrevista con La Jornada, la arqueóloga y curadora de la muestra, Frida Montes de Oca, habló sobre esta nueva exhibición conformada por 163 piezas, la mayor cantidad de instrumentos musicales prehispánicos que viajan al continente europeo.
La idea surgió cuando restauré algunas piezas sonoras, ahí vi una especie de flauta que no se parecía a ningún instrumento que yo conocía, y eso me llevó a buscar otros artefactos y a proponer un equipo que, después de reparar los objetos, investigara cómo se escucha, comentó Montes de Oca.
El panorama de la música con instrumentos prehispánicos es vasto. En el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) hay expertos que buscan desentrañar los misterios relacionados con su papel dentro de cada etnia, su función social, religiosa y de clase. De ahí toma el nombre la exhibición, ya que un tlapitzalli es una pequeña flauta que emite sonidos agudos.
No sólo estamos haciendo una exposición, sino que ofrecemos los descubrimientos luego de una investigación que tomó más de dos años. Queremos abrir el camino a los nuevos arqueólogos, arqueomusicólogos y de otras disciplinas para que se adentren y puedan explorar el universo musical antiguo, aseguró la curadora.
La música de las culturas mesoamericanas era muy compleja; no sólo tenía tonadas básicas como las que se usan en algunos espectáculos de la actualidad, sino que debió tener una cierta métrica, lo que se deduce por la forma en la que fabricaban estas piezas, y eso es algo que podrán disfrutar los visitantes a esta muestra, pues pudimos grabar los sonidos de estos instrumentos, dijo la también arqueóloga.
Incluso, desde los aspectos religiosos, la música formaba parte indispensable de la vida cotidiana de estas culturas. Muchos de estos artefactos están dedicados a Quetzalcóatl-Ehécatl, dios del viento, y también hay otros que se relacionan con su gemelo, Tezcatlipoca.
La Jornada
31/07/2024