Uno de los dramaturgos más prolíficos
El centenario del nacimiento de Emilio Carballido Fentanes (1925-2008), uno de los dramaturgos más prolíficos y versátiles de México, se conmemora mañana. Autor de una vasta obra –que abarca desde piezas teatrales que marcaron época hasta guiones de cine, cuentos para niños y libretos de ópera–, consolidó su legado como uno de los grandes pilares del arte escénico en México con su papel como formador de generaciones.
Él es nuestra pluma mayor porque, más allá de la dramaturgia, fue también un gran maestro. Muchos pasamos bajo sus alas pedagógicas, sus alas ejemplares, su visión del universo y cómo capturarla en escena, dijo Felipe Galván, uno de sus alumnos y autor de más de 50 obras teatrales.
“Él tenía una metodología muy práctica: ‘la carpintería teatral’. No sé si la inventó él o la aprendió de Usigli, o si la hizo al alimón con Luisa Josefina, pero esa metodología la usaba para textos anecdóticos y funciona perfectamente”, explicó Galván.
Para entrar a su taller de dramaturgia, los alumnos tenían que llegar con su telegrama. Era la obra en el menor número de palabras posibles. Si eras aprobado, entonces pasabas al desarrollo argumental, que era la obra de principio a fin y te podías llevar dos, tres, cuatro, cinco o 10 cuartillas, las que fueran necesarias para contar la historia.
Superada esta fase, se pasaba a la secuencia de acciones, concatenadas una tras otra. “Ya que tú decías: ‘hay tantas acciones, y cada acción es una escena’, entonces seguía vaciar el texto. Así nunca te pierdes, es una brújula sensacional. Yo la sigo utilizando cuando me enfrento a propuestas anecdóticas”.
Otras de las enseñanzas centrales eran la escucha y observación de la realidad. “Él te decía: ‘hay que hacer ejercicios de oído. Súbete al camión –ahora diríamos, súbete al Metro– y para el oído, escucha cómo habla la gente: qué dice, cómo lo dice, cómo lo canta, cómo lo escupe. Escucha todas las posibilidades que tiene la palabra en lo cotidiano’”.
Galván recuerda que les recomendaba llevar siempre un cuaderno de notas: Cuando salieras a caminar, cuando estuvieras sentado en el aula, en tu estudio o en tu casa. Porque si viene la idea, la apuntas; sino, se va.
La importancia del diálogo
Felio Eliel, actor de cabecera del cordobés durante más de cinco décadas, recordó que en sus talleres Carballido siempre subrayaba la importancia del diálogo. “Para él, los personajes tenían que hablar con las características de su clase social, de su medio.
“En uno de esos talleres, Emilio contó que un día se había ido a tomar un café en Xalapa, Veracruz. De pronto, empezó a escuchar la conversación de dos mujeres que hablaban del marido, de un amante, de la cárcel y de la situación penal que tenía el marido allí. De inmediato, comenzó a escribir los diálogos en una libreta de contabilidad, que siempre llevaba consigo. De esa conversación surgió Rosa de dos aromas.”
Carballido fue un gran impulsor del teatro nacional. En 1975 fundó la revista Tramoya, publicada por la Universidad Veracruzana, hoy la segunda más antigua de América Latina y la tercera en español; mediante ésta y su impulso constante a nuevos autores, logró que el teatro mexicano trascendiera fronteras, no sólo por sus propias obras –representadas en diversos países–, sino por su compromiso con la difusión, análisis y circulación del pensamiento teatral contemporáneo.
Abraham Oceransky, dramaturgo y director de escena, recordó que no sólo enseñaba con método, sino con una escucha paciente y una atención casi sacerdotal a las dudas y búsquedas de sus alumnos.
Aquello era como un confesionario, cada joven autor se acercaba a él y le pedía opinión sobre su trabajo y hacia dónde iba. Carballido nos escuchaba y procuraba que puliéramos nuestro texto. Era muy bueno en eso.
Pero su impulso a los autores nuevos no se detenía en lograr una pieza bien elaborada, también se esmeraba en que fuera publicado o que pudiera presentarse en televisión o en los teatros nuevos de aquella época. Era muy interesante el trabajo que él desarrollaba fuera de lo que era su función institucional, apuntó Oceransky.
dramaturgia mexicana, como Un pequeño día de ira (1961), ¡Silencio, pollos pelones, ya les van a echar su maíz! (1963), Te juro, Juana, que tengo ganas (1965), Yo también hablo de la rosa (1965) y Rosa de dos aromas (1986).
Es autor de 50 guiones de cine y tres óperas (Zorros chinos, Sala de espera y Misa de 6), cuentos infantiles publicados por el Fondo de Cultura Económica y teatro infantil editado por Porrúa.
LA JORNADA
21/05/2025