Anastasia, entre el olvido y la discapacidad
Anastasia es una indígena otormí de 32 años, analfabeta y a quien la vida la puso a prueba por ser una persona con discapacidad; sin embargo, nada de ello le impide sonreír y pensar en un futuro mejor.
Su nombre es Anastasia Julián Cayetano, quien habita en el poblado de San Ildefonso Tultepec, municipio de Amealco, en el estado de Querétaro, lugar hasta donde la Fundación del Dr. Simi lleva periódicamente apoyo a través del Plan de Ayuda “Lucha contra la pobreza extrema”.
A Anastasia todos la conocen por su diminuto tamaño, pues a pesar de que sus piernas son largas, por una desconocida enfermedad camina como si estuviera sentada. “Me enfermé a los 4 años cuando empezaba a caminar”.
Un tanto por la pobreza en que su familia está sumergida: y otro tanto, por la ignorancia de sus padres, Anastasia nunca fue llevada a un médico cuando era pequeña, hecho que le afectó más, ya que, ahora es casi imposible corregir su problema.
“Hace como un año o dos, en el DIF me dijeron que ya no me podía curar, que la carne ya no podía acomodarse y que era muy difícil una operación“.
Acostumbrada a vivir así, Anastasia también ha tenido que afrontar otra serie de problemas, la desintegración familiar. Cuando era pequeña su madre murió y su papá se volvió a casar con otra mujer, pareja que acabó echándola de su propia casa.
Ahora vive con su hermano mayor, la esposa de éste y sus cinco hijos. No obstante, la relación que tiene Anastasia con la mujer de su hermano no es la mejor; lo que le preocupa, pues en caso de tener que irse no sabría a dónde ir.
De ahí que, para pensar en un futuro diferente, Anastasia se capacita en un pequeño taller de costura de su localidad, en donde no sólo ha encontrado cómo aprender un oficio, sino amigas de verdad, como Rosa Margarito, quien dirige este centro de capacitación y así se expresa de Anastasia.
“Es una buena persona, muy amable, carismática y contenta. Ve la vida como tal y no como un fracaso, ella siempre piensa en salir adelante“.
Y es que Rosa no sólo aprecia a Anastasia por su buen corazón, sino también porque, dentro de esa diminuta figura, hay un gran ser humano con enormes aptitudes.
“Es excelente alumna, hace unos trabajos muy bonitos, es muy inteligente. Entonces a la primera me capta lo que yo quiero decir o lo que yo quiero que haga”.
A raíz de que Anastasia llegó ahí su vida ha cambiado para bien, ahora obtiene algo de dinero que gana con trabajos manuales de juegos de baño, carpetas y bolsas, aunque es cierto que esto no es suficiente para estar bien.
“Lo que yo necesito es un cacho de terreno para construir una casa, quiero una casa para vivir, para sentirme mejor”.
Anastasia sabe que su independencia es lo más importante para pensar en ser feliz, pues así ya no tendría la zozobra de quedarse sin casa en cualquier momento, aunque sabe muy bien que eso tardará; no obstante, no pierde la fe y solicita la ayuda de quien la escuche para hacer posible ese sueño.
Mientras tanto, Anastasia ha encontrado un apoyo para su difícil situación en la Fundación del Dr. Simi, la cual entregó el año pasado más de 195 toneladas de ayuda a través del Banco de Alimentos Móvil.
Con esta ayuda, se dice feliz porque, cuando no tiene dinero, los alimentos que recibe le benefician enormemente.
Ahora Anastasia, agradece el apoyo que recibe de la Fundación del Dr. Simi y reconoce la importante labor que realiza.