Demagogia, próceres e ignorantes

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española revela que demagogia es ganar con halagos el favor popular, práctica política en la que, sin duda, México tiene distinguidísimos representantes.
Uno de los más recientes ejemplos, asaz ilustrativo, lo protagoniza –otra vez- el Jefe del Ejecutivo que se encomienda a Dios, quizá descontando que el mexicano es propenso a creer en los milagros.
De visita por una empobrecida comunidad chiapaneca, Felipe Calderón nos recetó: “Y que precisamente el cielo y el Dios que cuida y protege a San Juan Chamula, pueda iluminarnos a los gobernantes para gobernar y trabajar siempre, especialmente a favor de los más pobres”.
Declaración que amén de pueril, resulta temeraria cuando todavía remachó: “Tengo la mayor satisfacción que pueda tener un gobernante, poder decir de cara a todo el pueblo que cumplí con mi palabra”.
Lao Tsé, un sabio y filósofo chino, decía que el hombre que habla no sabe, apotegma tan cierto que a Calderón, además de acusársele de palabra incumplida, habría que recriminarle haber hecho cómplice a Dios de sus mentiras, torpezas y líos.
Lo mismo da cifras alegres sobre la creación de poco más de 380 mil plazas -en un país con millones de desempleados-, que apuesta al silencio (y al olvido) ante el inexplicable enriquecimiento de colaboradores como García Luna; lanza una encuesta, en la página del gobierno, para saber si debe o no acudir al Mundial de Sudáfrica, y hace mutis para tomar acciones concretas contra la ley antiinmigrante SB1070 en Arizona.
Indolente, pero ducho en el arte de la verborrea, Calderón está muy lejos de conmover al pueblo mexicano por la sinceridad o la verdad de su palabra y las pruebas están ahí.
Si no, cómo explicar la indiferencia con que el pueblo observa un video donde se eleva a calidad de prócer al Chapulín Colorado y a la de caudillos al futbolista Hugo Sánchez y al púgil Julio César Chávez.
En el marco de una exquisita y exclusiva ceremonia –faraónica e insultante para algunos-, celebrada el 5 de mayo en la ciudad de México, don Felipe habló –otra vez- del gran orgullo de ser mexicano.
Al presentar el video 200 años de ser orgullosamente mexicanos: una monumental ventana a nuestra historia, refrendó el apotegma del sabio chino al aplaudir con beneplácito la visión sesgada que se ofrece de nuestra historia.
¿Será que la historia es cuestión del Presidente en turno, o cosa de no saber y hablar?