Pueblo Señor y gobierno
servidor
Acaso obligado por la necesidad de recuperar respeto y estimación social hacia la devaluada institución presidencial o por la ingente urgencia de resarcirse credibilidad, Felipe Calderón Hinojosa presentó un paquete de iniciativas de reforma política, que si bien busca, esencialmente, hacer realidad el presupuesto republicano y democrático, se antoja más de efecto mediático que efectivo.
Fundamentado en un decálogo, el planteamiento calderonista representa el tácito reconocimiento a muchos de los puntos establecidos por Víctor González Torres en 2006, quien ya hablaba de la necesidad de abolir el monopolio partidista; hacer valer las candidaturas independientes y, por sobre todo, poner freno al ofensivo dispendio de un Congreso altamente burocratizado.
Durante la inédita campaña que como candidato ciudadano a la Presidencia de la República realizó por todo el país, Víctor González Torres insistió en la necesidad de hacer efectiva la fracción II del artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que expresamente establece el derecho de los ciudadanos a ser votado para todos los cargos de elección popular.
Contra ese derecho reconocido en nuestra Carta Magna, se ha mantenido como obligatoria la intermediación de los partidos para el registro de candidatos, de modo que lo que prevalece en México no es la democracia, sino la partidocracia que aleja al ciudadano de las urnas y de la participación política.
Otro de los planteamientos que responde a la propuesta promovida por el presidente del Grupo Por Un País Mejor, es el que habla de someter a referéndum toda iniciativa de reforma constitucional, de manera que sea la ciudadanía la que resuelva y no el Ejecutivo ni las cúpulas partidocráticas.
Lo mismo puede decirse de la propuesta de disminuir el número de diputados y de senadores (a partir del monumento al “dedazo” que representan los plurinominales), cuyo número arbitrariamente se aumentó en el régimen salinista, quien cedió ante la voracidad de una partidocracia ávida de mayores ganancias financieras.
Ahora que el Legislativo tiene en sus manos la iniciativa, veremos si en el gran negocio que representan los partidos realmente hay disposición de impulsar una verdadera transición democrática, conforme a los intereses de la nación.
Por el bien de México, que así lo demanda y así lo necesita, será necesario recobrar el imperativo democrático de que el pueblo sea el Señor y el gobierno, servidor.