Calderón y tres años perdidos

Con más pena que gloria, igual como nació, el “calderonato” cumplió
tres años al frente de un gobierno que aún parece lejos de arrancar.
Si las cosas se miden y se califican por lo positivo o negativo de sus resultados, no exageran aquellos que afirman que son tres años perdidos y de franco retroceso, en virtud de que lejos de resolverse, los problemas nacionales se han agravado.
Es tan difícil y pesada la situación, que a la hora de las “benditas” encuestas, los mexicanos ya no saben identificar cuál de sus problemas les angustian y les mortifican más.
Para millones, el cielo se abriría si después de recorrer calles y tocar mil puertas, por fin pudieran conseguir un empleo.
Algo semejante puede decirse respecto del no menos grave problema de la inseguridad pública, del que no escapa nadie, ni los ricos que por ricos pueden ser secuestrados, ni los pobres a los que pueden quitar la vida y el mísero salario en cualquier esquina.
Qué decir de los padres de familia, de los que con inmenso dolor vieron y ven caer a sus hijos en las garras de la drogadicción que les destroza la vida y les cercena el futuro.
Ese es el México que no ha querido o no ha podido transformar el hombre que acaba de cumplir tres años como habitante de Los Pinos, como jefe del Ejecutivo Federal.
Lo cierto, sin embargo, es que aún es tiempo de enderezar el rumbo y dar el golpe de timón que, hoy por hoy, se necesita con urgencia.
Urge, insistimos, que Felipe Calderón se convenza de que el modelo neoliberal empecinado en defender, no es la solución, sino el origen de muchas inequidades.
Para que el destino no nos alcance, se necesita de una auténtica reforma política que ponga fin al gran desvío de la partidocracia; que reconozca en el ciudadano al amo y señor de la República, el que puede y debe desconcentrar el poder, el saber y el tener.
Con más pena que gloria, el “calderonato” cumplió tres años e igual como naciera, entrando por la puerta trasera del Congreso, hoy se mantiene agazapado y acosado por la realidad: Aumento escandaloso de la pobreza y la expectativa de que el país sufrirá la peor contracción económica desde 1932.
La democracia integral y humanista debe ser la gran conquista del 2010, año del bicentenario de la Independencia y del centenario de la Revolución. ¿Tres años bastarán?