
Estado fuerte y sindicalismo
sano
El tema de las indiscriminadas privatizaciones que aconsejan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, lo prevalece en México, son dos cuestiones estrechamente ligadas que están en la base del controvertido conflicto entre el gobierno federal, la extinta compañía de Luz y Fuerza del Centro y su sindicato.
Al respecto, lo primero que puede afirmarse es que la inmensa mayoría de mexicanos se ha declarado a favor de un nacionalismo abierto al mundo, que ve como naturales e irreversibles los fenómenos de la globalización, pero no la renuncia del Estado a su deber y derecho de regular la economía bajo los principios y objetivos de la justicia social.
Está por demás claro que la electricidad es un recurso tan estratégico como el petróleo y que, por lo mismo, ha de ser administrada por el Estado.
Sin embargo, a la luz de estos irrenunciables criterios, resulta inadmisible cualquier tentación de privatizar mil kilómetros de una red con alta tecnología que permita la explotación del llamado triple play: la obtención de imagen y sonido mediante la energía eléctrica.
En cuanto al tema de la organización gremial, está igualmente claro que tienen derecho a asociarse los trabajadores, tanto del sector privado como del público, pero este derecho no debe ser motivo para la existencia de sindicatos con privilegios que van más allá de lo justo y donde sus líderes se eternizan y se enriquecen hasta el insulto bajo mil prácticas de corrupción.
Para evitar ese sindicalismo corrupto, es necesario que, como sucede con los partidos políticos, todas las organizaciones gremiales sean consideradas constitucionalmente como entidades de interés público, de modo que por razones de bien común, el Estado pueda intervenir para democratizar sus estatutos, garantizar la honradez y transparencia administrativa, la rendición de cuentas y la revocación del mandato.
No debe olvidarse que ninguna nación puede ser democrática sin la democratización de sus instituciones públicas y privadas, de sus partidos políticos, así como de sus organizaciones intermedias, entre las que están los sindicatos.
En aras de un Estado fuerte y un sindicalismo sano, pueden encontrarse caminos para que más de 40 mil mexicanos sean reubicados, evitando así que engrosen el enorme ejército de desempleados