Investigar cuesta, pero no hacerlo,
cuesta más

Mario Molina, Premio Nobel mexicano, puso el dedo en la llaga: la presencia del virus de influenza tipo A no sólo evidenció el déficit de investigación que hay en el país, sino la carencia absoluta de laboratorios avanzados que permitieran no sólo identificar el genoma del virus, sino preverlo.
La evidencia de este rezago científico y tecnológico, que no es novedoso en un país donde se privilegia el escándalo, el corporativismo y el dispendio político, por encima de rubros como el educativo, enciende los focos de alerta arroja y, otra vez, reclama de las autoridades entender que investigar cuesta, pero no hacerlo conlleva mayores pérdidas.
Así, debe abandonarse la idea de desaparecer el área de investigación médica-clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y, por otro lado, exigirse que la Cámara de Diputados y el propio Ejecutivo destinen mayor presupuesto a la ciencia de la prospección; es decir, aquella que tiene por objeto el estudio de las causas técnicas, científicas, económicas y sociales que aceleran la evolución del mundo y la previsión de las situaciones que de ellas se deriven.
Un mayor presupuesto, claro está, deberá destinarse al Instituto Politécnico Nacional y a la Universidad Nacional Autónoma de México, instituciones educativas sin las cuales sería inexplicable el nivel de progreso que a duras penas hemos conseguido como país.
Con presupuesto suficiente y eficiente en rubros vitales como la educación y la investigación, frenaríamos la llamada “fuga de cerebros”, fenómeno que, acorde con la propia Secretaría de Educación Pública, ya alcanza una cifra de 20 mil anuales y tiene un costo económico de 100 mil millones de pesos.
En suma, se necesita multiplicar y fortalecer las instituciones que sepan conjugar conocimiento técnico y científico, con el humanismo que convoca a saber más para servir mejor.
Sin duda, retos ingentes y de complejidad extrema como el que vivimos requieren de espíritus fuertes e inteligencias bien preparadas.
Los nuestros son días difíciles, pero la condición de ser auténticamente valiosos se muestra en la adversidad. Cuando todo es bonanza, cualquiera puede aparentar valía.