Cuenta pública, justicia y derecho
a la verdad
El loco y la comadre de vecindad
La opacidad con que se maneja la cuenta pública -y que ahora vuelve a provocar un deleznable encontronazo entre diputados de oposición, el Partido Acción Nacional y el ex presidente Fox-, es un tema que lejos de entramparse en los dimes y diretes, debe ser atendido con un debate a la altura que México merece.
Que tirios y troyanos se lancen epítetos y pongan en tela de juicio su cordura no debe ser causa (o pretexto) para que el fondo del asunto –el análisis de las cuentas públicas de 2002 y 2003- se diluya y se tienda sobre él un velo que a nuestro país ha causado años de atraso y marginación. Nos referimos al despilfarro y la corrupción.
El lamentable sainete que, por un lado, protagonizan diputados priístas y perredistas, contra la aversión del ex mandatario y huestes blanquiazules ávidas de votos, es la elocuencia de la inane calidad de los llamados “políticos profesionales”.
Amén de que la reacción del señor Fox no debiera merecer atención, la respuesta fúrica de los legisladores desvirtúa la verdadera intención de transparentar el ejercicio de la función pública.
Que en lugar de presentarse un debate técnico y político, seamos testigos de un pleito entre comadres de vecindad desnuda, tristemente, la realidad: No existe la intención de impulsar un cambio.
Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la andanada deletérea es un recurso electorero. Ante la nula oferta política, la partidocracia opta por el teatro para atraer reflectores y llevar agua a su molino.
Textualmente, el párrafo sexto de la fracción IV del artículo 74 constitucional se refiere a la Cuenta Pública: “Si del examen que realice la Contaduría Mayor de Hacienda aparecieran discrepancias entre las cantidades gastadas y las partidas respectivas del Presupuesto o no existiera exactitud o justificación en los gastos hechos, se determinarán responsabilidades de acuerdo con la ley”.
Así, está claro que más allá de tildarse como “locos y corruptos”, unos deben probar y otro demostrar. De lo contrario, como suele pasar en este país, sólo estaremos ante un deleznable espectáculo de simulación, complicidad e impunidad.