Se pronuncia el Congreso por una
legislación petrolera modernizadora

Cuando el presidente Calderón presentó sus diversas iniciativas en materia petrolera, hubo una ola de inconformidad porque se dijo que entregaban nuestro recurso natural no renovable más valioso, el petróleo, a los particulares nacionales y extranjeros.
Por nuestra parte dijimos que independientemente de que era necesario cuidar las reformas y adiciones a tan importante legislación, el petróleo es nuestro en tanto permanezca en el subsuelo, toda vez que, en automático, al ser extraído es vendido casi en su totalidad a clientes públicos y privados del extranjero, lo cual se comprueba con los enormes volúmenes de barriles que se exportan día con día.
Nos atrevimos a sugerir que, en tanto estábamos en capacidad de construir más instalaciones para la refinación del “oro negro”, deberíamos de condicionar la venta del petróleo a que nuestros clientes extranjeros lo refinaran en nuestro país, lo cual nos permitía generar empleo para nuestros nacionales y exportar producto terminado y no simple materia prima.
También advertimos que con la legislación petrolera sucedería lo que aconteció con la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que al presentarse como iniciativa recibió la oposición prácticamente unánime de todas las corrientes camerales, inclusive la de la corriente mayoritaria, constituida en aquella época por los diputados y senadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se hallaba en el poder.
Como sucedió con la legislación petrolera, bien pronto los ánimos se fueron tranquilizando; tomó posesión la mesura y la inteligencia, lo cual dio como resultado que ha sido la ley que más votos directos haya obtenido, como lo logró la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público. Cierto es que, como ahora sucedió con la legislación petrolera, sufrió una serie de modificaciones que le dejaron poco parecido, en lo sustantivo, con la iniciativa, pero lo importante es que imperó el diálogo.
Hoy, como quiera que resulte, tendremos un nuevo Estado de Derecho por lo que al petróleo se refiere; pero habrá reinado la concordia, como producto de la inteligencia y de la razón. Así, el Congreso merece una felicitación.