Padres que reparan daños
Ni Las Mañanitas ni globos ni abrazos. Muchos padres no tuvieron festejo. Estuvieron solos con sus recuerdos, a pesar de tener familias.
Hay de todo: padres solteros, también proveedores; otros con síndrome de Santaclós (llenan de regalos a los hijos) y algunos más que se fugan en las adicciones.
Por fortuna, existen instituciones que ayudan a ponerse en orden y reparar los daños.
DANIEL
Por ejemplo, Daniel Hernández Nava, de 32 años, padre de dos pequeños, a los que no ve desde hace cuatro meses por causa de su adicción al alcohol y drogas.
Internado en el Centro de Rehabilitación Nueva Identidad AC, lucha por retomar su camino y borrar los recuerdos tristes:
“Me duele haber tenido un padre alcohólico y violento, del que ahora reproduzco el modelo. También me duele haber dejado a mi familia para vagar en las calles y dormir en un automóvil abandonado”.
Sin embargo, su familia fue la que lo rescató de esas condiciones y lo recluyó en el Centro, donde desempeña varios oficios como voluntario.
Daniel pasó el Día del Padre sin ver a sus hijos de tres y nueve años de edad.
SALOMÓN
En el Centro de Rehabilitación Nueva Identidad AC., también está Salomón Torres Morales, quien a sus 66 años, lucha para superar el alcoholismo que hizo sufrir a hijos y nietos.
“Algo que siento mucho es cuando mis nietos me veían alcoholizado y me decían: ‘¡Ay, abuelito!, ¿otra vez tomado?’, pero ya es hora de reparar daños”.
Salomón aprovechó el Día del Padre para pedir perdón a su familia y, en especial, a sus nietos.
AGUSTÍN
Los tiempos han cambiado y también la cultura social. Hoy, lo mismo hay madres que padres solteros.
Un ejemplo es Agustín Mendiola Mora, de 35 años, quien atiende a sus dos hijos desde hace cuatro años, cuando fue abandonado por su esposa, luego de que ésta cayera en las drogas y faltara a casa todos los fines de semana.
Pero, ¿qué tan difícil es desempeñar ambos papeles?
“En mi caso cuento con el apoyo del Centro Comunitario Ampliación Tepeximilpa AC., que cuida a mis hijos prácticamente todo el día. Eso me permite trabajar en una cocina económica, recogerlos en la tarde-noche y compartir con ellos antes de irnos a la cama”.
Sonriente y optimista, Agustín confiesa también que la ayuda de su madre, de 57 años, ha sido fundamental en esta tarde.
“No sé qué haría sin ella. Me ha echado la mano en todo lo posible y deseo que me viva muchos años para que juntos veamos crecer a los niños”.
ABELARDO
En otro lado de la ciudad, en la Fundación de Ayuda a la Ancianidad IAP., “Hogar Isabel la Católica”, está Abelardo Rodríguez Velasco, de 68 años, exitoso contador en su tiempo, con cuatro hijos que hoy lo tienen olvidado.
“Cometí muchos errores, el peor fue irme de casa. Hoy me arrepiento y ya olvidé el pasado, pero quiero que mis hijos también lo olviden y nos reunamos para que yo les diga cuánto los quiero. Deseo ver a mis nietos, conocerlos y abrazarlos”.