img Cultura
CELEBRAN ARTE DE CECILIA VICUÑA

El arte es emancipación y participación, postuló hace medio siglo la poeta y artista visual Cecilia Vicuña (Santiago de Chile, 1948).

Son dos de las "palabrarmas" de la también cineasta y activista, quien, acurrucada en una silla de una terraza de la calle de Ámsterdam, las desmenuza en la conversación.

"Participación es la parte que dice sí a la pasión. Pasión, en latín, es sufrir, entonces participar es compartir el sufrimiento. ¿Dime que no es un concepto radicalmente hermoso?", expresa la artista chilena.

Maltrecha de salud, la voz de Vicuña, aunque bajita, trasluce la emoción ante jóvenes las chilenas que, como LasTesis, colectivo feminista creador del performance Un violador en tu camino, han descubierto su obra, y celebra "una gran fuerza de empoderamiento".

Le parece la mejor recompensa para su trabajo, el cual ha sido marginado no sólo en Chile sino en América Latina hasta hace muy poco.

Sus poemas de Sabor a mí fueron censurados en Chile en 1971, antes del golpe militar. Fue publicado en el país 37 años después, solo para ser ignorado. En cambio, cuando salió en Inglaterra, en 1973, con Beau Geste, se agotó de inmediato.

Borrada del mapa artístico y literario, todo cambió con Documenta 14, en 2017, la exposición de arte más influyente del mundo, donde presentó uno de sus característicos quipos -nudo en quechua-, un "río de sangre" de ocho metros colgado del techo.

Los quipos, hechos en lana, es un método andino ancestral para registrar información mediante hilos y nudos.

"En mi opinión, es creado como una metáfora del cordón umbilical. Yo le he adscrito un sentido cósmico del mundo, de unión del cuerpo con el todo", explica. "Transmito esa idea del cordón umbilical a la menstruación, el vínculo con las estrellas, con el ciclo lunar, con el ciclo de la vida y la muerte".

En aquella edición de Documenta presentó además sus retratos al óleo de los años 70 de personajes como Fidel Castro, Salvador Allende, Violeta Parra y María Sabina, que permanecieron guardados durante 40 años.

"Mi quipo pasó a existir y, de paso, pasó a existir mi poesía, mi performance, mi arte", asevera la poeta que divide su tiempo entre Nueva York, donde vive desde 1980, y su natal Santiago. "En inglés se dice justicia poética".

Concón, en Chile, es su lugar "cósmico". En esa playa labró el concepto de "Lo precario", con esculturas hechas a partir de desechos, "las basuritas", pensadas para desaparecer en la naturaleza.

Siempre a contracorriente. "Una niña que piensa, lee, pinta y escribe ya está a contracorriente", dice.

Creció en el campo, en un lugar ahora devorado por Santiago, en una familia de artistas, entre arte y libros.

Su quehacer se despliega también en el cine. En 1980 dirigió su primer documental, What is Poetry to You? Pero sin importar cuál sea el medio, en el centro siempre está la poesía.

"Sabía desde siempre que la poesía era que la que guiaba todo. Mis películas son poemas cinematográficos, mi pintura son poemas pintados, mis performances son poemas colectivos espaciales. Si hay una definición que lo une todo es la imposibilidad de definir la poesía".

El MUAC, en la UNAM, muestra actualmente su primera retrospectiva en América Latina, Veroír el fracaso iluminado, con más de cien trabajos de la artista.

Y hoy brindará una lectura magistral en el Aula Magna de la Universidad del Claustro de Sor Juana a las 18:00 horas.

Encuentro surrealista

Una jovencísima Cecilia Vicuña, de 20 años, se alojó durante tres días en la casa de la pintora surrealista Leonora Carrington en la Ciudad de México.

Venía invitada al País por el poeta Sergio Mondragón y El Corno Emplumado, revista donde Vicuña publicó algunos de sus primeros poemas entre 1967 y 1968.

Cuando la revista protestó por la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, debió cerrar y tanto Mondragón como Margaret Randall tuvieron que irse de México, cuenta.

Vicuña ya tenía su pasaje para México. Mondragón organizó que la joven artista fuera recibida por Carrington. "Me recibió por mi poesía", rememora la creadora, ahora con 71 años.

Aquellos días en esa casa le causaron un impacto profundo, ver lo que Carrington significaba, cómo conducía su vida.

"Mi idea era que toda la casa existía en torno a un lugar secreto, sagrado, que era el taller de Leonora donde se efectuaba toda la alquimia pictórica", cuenta.

Aquella estancia tuvo una huella en su pintura. Antes del viaje a México, Vicuña ya intuía que debía cambiar su estilo, pero le faltaba el método.

"Aunque mis pinturas no se parecen para nada a Leonora, el método mío es una trastocación, muy mal hecha, de la maravilla que ella hacía. Su técnica era impecable. Yo, cero técnica, soy un caso perdido, pero por lo menos, los principios del método me penetraron".

personas desaparecidas
 
  p Comenta la nota com  Imprime