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Aborda Springora affaire con prestigioso escritor

Cuando tenía tan solo 13 años, Vanessa Springora (París, 1972) conoció en una cena al prestigioso escritor Gabriel Matzneff, quien la cortejó y mantuvo con ella una relación, a pesar de ser 36 años mayor.

Cegada por lo que aún ahora califica como un enamoramiento genuino, la hoy escritora, editora y cineasta se entregó en cuerpo y alma a aquel hombre defensor de la pedofilia y cuyos encuentros con menores de edad nutrieron durante años su producción literaria.

Una relación de dos años años absolutamente consentida por Springora, quien 35 años después narra los pormenores en El consentimiento, libro que plantea una reflexión sobre la complejidad de su responsabilidad en este affaire -a merced del prestigio y carisma tras los que se ocultaba su depredador-, y que ha conmocionado a la sociedad francesa al darse cuenta que el Estado y la élite intelectual han protegido por décadas a un pedófilo confeso en su obra.

El impacto de la publicación, recién traducida al español y que llegará a los estantes mexicanos en octubre, causó incluso que la editorial Gallimard retirara de circulación la obra del escritor de 83 años.

Hecho con el que Springora se dice no del todo de acuerdo, no sólo por estar en contra de la censura, sino porque su libro opera de alguna manera en función de lo que ha escrito el propio Matzneff.

"Es una historia literaria frente a la obra de Gabriel Matzneff, un contrapunto que permite relatar la historia que este autor ha escrito durante muchos años a lo largo de todos sus libros desde el punto de vista de todas aquellas jóvenes que se encontraron atrapadas en sus libros", detalló la autora parisina este lunes en conferencia virtual.

Se trata, dijo, de un libro que ha escrito para sí misma, muy personal y que ha llevado en su interior 30 años, pero que sólo ha podido ver la luz una vez que, como madre, se proyectó en su hijo adolescente.

"De repente me di cuenta de que lo que yo percibía como adulto a los 14 años no era real, porque yo no era adulta, y entonces fue cuando me di cuenta de lo fácil que le es a un adulto o a cualquier figura de autoridad seducir a un menor, seducir a un adolescente, ya sea un escritor, un artista", estimó la autora, en cuya obra no se reconoce del todo como una víctima, pero tampoco como alguien que estuviera en condiciones de otorgar pleno y razonado consentimiento.

"Yo era una presa fácil en aquel entonces para alguien que tenía todos esos atributos".

Aunado a esto, ver a Matzneff ser reconocido en 2013 con el Premio Renaudot, el más importante de las letras francesas, dejó a Springora "totalmente alucinada": ¿Cómo era posible que nadie cuestionara la veracidad de aquellos pasajes de encuentros con menores plasmados en toda su obra, y que se recompensara la pedofilia?

Y es que la permisividad que ha encontrado la pedofilia en Francia es un caso complejo. Matzneff mismo impulsó en la década de los 70 un manifiesto a favor de la despenalización de las relaciones sexuales con menores, que firmaron, entre otros, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Roland Barthes.

Aquel lema del mayo del 68 "Prohibido prohibir" y su ánimo libertario parecía haber mantenido subyugada a toda la sociedad francesa, obnubilada por el talento y la celebridad, y en la que la figura del autor e intelectual gozaba de mucho estatus, al grado de casi ser figuras intocables y por encima de la ley.

"Había una gran confusión intelectual en aquel entonces. La pedofilia se equiparaba a la homosexualidad; de cierto modo, los pedófilos querían hacernos creer al resto de la población que la pedofilia no era más que una orientación sexual como la homosexualidad, una opción sexual como cualquier otra, mientras que todos sabemos que la pedofilia es una enfermedad mental", apuntó Springora.

Asimismo, la autora cree que tal vez también se tenía a la obra de Matzneff -en la que incluso se narran encuentros con niños en países en vías de desarrollo como Filipinas- como mera semificción.

"Les costaba creer que detrás de todas esas páginas había personajes reales, que hablaba de chicas jóvenes, de adolescentes víctimas como yo, de personas de carne y hueso, y nadie trató de encontrar la verdad de sus escritos", explicó.

"Con este libro, con el mío, yo también he querido confirmar que Gabriel Matzneff no era un mitómano, que lo que contaba ahí era real, desafortunadamente, y que a través de todas sus aventuras lo que hizo fue perjudicar con un daño enorme a adolescentes y a muchos niños en los países de tercer mundo".

Si bien en un primer momento su intención era reescribir el clásico de Vladímir Nabokov Lolita, poniéndose en la piel de la adolescente y ser la voz de la víctima, el objetivo no sólo resultaba demasiado ambicioso, sino que la alejaba de su propia historia, por lo que optó por un relato íntimo en primera persona que espera ayude a quienes han pasado por una experiencia similar, rompan el silencio y sanen con ello.

¿Separar al artista de su obra?

Respecto al debate actual de separar al artista de su obra, a raíz de las acusaciones de abuso expresadas contra varios creadores alrededor del mundo, Vanessa Springora añade una categoría más: separar al hombre o mujer del artista y la obra.

Es decir, analizar el vínculo entre lo que se está plasmando en las obras y la persona misma en busca de descifrar si son meras metáforas o un relato autobiográfico.

"Si una obra defiende un delito y se puede asociar los hechos relatados en una obra a la persona que los ha cometido, que además se reivindica como el autor, esa obra no es que deba ser censurada, pero debe ser cuestionada y la persona debe rendir cuentas de sus actos ante la ley", indicó la escritora parisina.

En el caso de Gabriel Matzneff es claro: escribe una obra autobiográfica en la que se identifica como autor y personaje involucrado en los actos pedófilos narrados, cometidos por él mismo.

"Cuando el autor se reivindica como el monstruo que está en sus libros es responsabilidad del editor preguntarse si debe publicar ese libro. Yo, a título personal como editora, jamás habría publicado la obra de Gabriel Matzneff", enfatizó.

En relación a lo anterior, y a pregunta expresa sobre qué hacer con Lolita de Nabokov o los libros del Marqués de Sade, Springora los consideró incomparables con Matzneff en tanto en las biografías de los primeros no están demostrados los actos que plasman en sus obras, como sí en el caso del segundo.

"Hay que ver cuál es la relación entre la ficción y los hechos reales, porque claro, uno no puede ser juez de lo ficticio. Yo no estoy aquí para juzgar moralmente las obras maestras de la literatura mundial, en absoluto", manifestó.

Reforma 15/09/2020

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