La Virgen que forjó una Patria
El lazo más fuerte de unión entre los mexicanos, a través de nuestra historia es la virgen de Guadalupe. En el extranjero, su nombre y su imagen estampada en el ayate de Juan Diego, el mes de diciembre de 1531, de acuerdo a la secular tradición de nuestro pueblo, es la Guadalupana. En los EU, los indocumentados tienen en ella su mejor fortaleza frente a los avatares que sufren en esa poderosa nación.
El escritor y periodista René Capistrán Garza, en su magnífico libro “La Virgen que Forjó una Patria” definió con diáfana claridad lo que la Morena del Tepeyac significa para la existencia misma de nuestro país.
Con ella, como enseña suprema, fue realizada la conquista espiritual de México que después de la toma de la Gran Tenochtitlán por Hernán Cortés, no fue exclusivamente militar, porque primordialmente estuvo a cargo de los religiosas que misionaron en lo que hoy es el suelo patrio y dejaron huella cultural en California, Texas, Nuevo México, Arizona y La Mesilla que también fueron territorio mexicano.
La historia nos habla de la Guadalupana como elemento fundamental de la nacionalidad mexicana y de la realización de los grandes sucesos que nos han integrado como país. El “hecho guadalupano” reconocido por los historiadores, es innegable.
Sabemos que la Insurgencia la inició el cura Hidalgo con la Guadalupana como primer bandera del México en busca de su independencia y soberanía. El nacionalismo mexicano tiene en ella, desde lo espiritual e histórico, su base más fuerte.
A punto de cumplirse el bicentenario del “Grito de Dolores” – la madrugada del 15 de septiembre de 1810 -, México parecer hundirse en un mar de confusiones ante las prédicas exóticas del neoliberalismo antinacionalista, tecnócrata, macro-económico, materialista y exento de justicia social que ha empobrecido económico y espiritualmente a la mayoría del pueblo mexicano. Campean la desunión y el desconcierto.
Como antídoto debemos recordar que sólo con fidelidad a nuestros valores y símbolos patrios alcanzaremos la unión. Unirnos por encima de los egoísmos que nos impiden realizar nuestros ideales nacionales, será el mejor homenaje que podamos rendir a nuestros héroes, en base a la justicia social que tanta falta nos hace.
“México navega desde hace muchos años en un tempestuoso mar de problemas y de amarguras” advierte el autor de “La Virgen que Forjó una Patria”. Desde el fondo de sus profundas convicciones que lo caracterizaron, afirma que la solución a nuestras “miserias, penas y dolores” está en “un ardiente, calcinante, intensísimo resurgimiento del guadalupanismo nacional”.