La iglesia en el Bicentenario
Avanzado el calendario que marca el Bicentenario del inicio de nuestra lucha por conquistar nuestra independencia nacional –la lucha duró once años y el bicentenario de su consumación será hasta el 27 de septiembre de 2021 -, no se perciben señales de preparativos de una magna celebración en el ya próximo 15 de septiembre de 2010.
Hasta el momento, lo único relevante que se ha efectuado en el avanzado año del Bicentenario ha sido la exhumación de los restos de 12 caudillos de nuestra lucha libertaria que de la Columna de la Independencia fueron llevados al Castillo de Chapultepec, de donde serán trasladados el próximo mes de agosto al Palacio Nacional, para ser exhibidos a la vista del público durante un año.
¿Solamente fueron 12?, ¿ y si son más, estaríamos aceptando que ni son todos los que están ni están todos los que son?
La ceremonia de exhumación estuvo presidida el 30 de mayo, día de San Fernando, ( ¿ el recuerdo de Fernando VII, habrá tenido algo que ver ?) por el presidente Felipe Calderón quien hizo un llamado a todos los mexicanos a valorar su libertad para preservarla, ampliarla y heredarla a los mexicanos que vienen detrás de nosotros.
En la ceremonia de exhumación de los próceres de nuestra lucha de Independencia, no hubo representación de la Iglesia Católica, porque seguro no fue invitada y lo más probable es que tampoco lo sea a otros eventos conmemorativos.
Es preciso recordar, aunque le pese a ciertos resabios jacobinos anticlericales, que la Iglesia ha tenido presencia en nuestra cultura más allá de los dos siglos de nuestra vida independiente.
Las relaciones entre la Iglesia y el Estado han sido un tanto complicadas, pero al mismo tiempo ambas instancias han aprendido a negociar y buscar espacios para la conciliación.
Adentrados en la celebración del Bicentenario del inicio de nuestra lucha de Independencia y del Centenario del inicio de la Revolución, es importante resaltar el papel que la Iglesia Católica desempeñó en la realización de dichos acontecimientos.
El puro hecho de que el cura de Dolores, don Miguel Hidalgo y Costilla, haya enarbolado el estandarte de la virgen de Guadalupe para arengar a sus feligreses a iniciar la lucha por nuestra Independencia, es en sí la mayor constancia de la vinculación de la Iglesia en nuestra lucha libertaria.