Urge nueva Reforma Electoral
Visto el fracaso de la más reciente reforma electoral, derivada de las reformas a los artículos 6o, 41, 85, 99,108, 116 y 122 de nuestra Constitución; adicionado el artículo 134 y derogado un párrafo al artículo 97, es de urgente y obvia resolución proceder a la mayor brevedad posible reformar nuevamente nuestra Carta Magna en los mismos preceptos constitucionales, que den vida a un nuevo Código Electoral que, para ser más fácil de memorizar, acorte también su denominación y quede con esas dos palabras: Código Electoral.
La Ley en materia electoral, que nació de las reformas a los artículos constitucionales antes mencionados, fue bautizada como la “Ley Beltrones” porque se atribuye la paternidad al político sonorense que, recientemente, se descartó como presidenciable, durante una rueda prensa efectuada en Matamoros, Tamaulipas.
Desde que entró en vigor la citada Ley el 14 de noviembre de 2007, al día siguiente de su publicación en el Diario Oficial hubo rechazos a varios de sus ordenamientos entre ellos la prohibición terminante para que los partidos políticos, “en ningún momento podrán contratar o adquirir, por sí o por terceras personas, tiempos en cualquier modalidad de radio y televisión”.
Prohíbe, asimismo, que “ninguna otra persona física, o moral, sea a título propio o por cuenta de terceros, podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular”:
Durante los dos meses de campaña que estableció el COFFIPE, los spots transmitidos por radio y televisión, fueron obsequiados a los partidos políticos por el IFE, en una pésima programación, ya que pasaron como chorizos, uno tras otro, durante la transmisión de las telenovelas, sin dar tiempo al teleauditorio para registrar en su cerebro los mensajes políticos.
La nueva Ley Electoral también debe incluir el referéndum para la aprobación de asuntos e iniciativas de especial importancia, como la reciente reforma petrolera que quedó coja por las presiones pejistas que impidieron a los mismos mexicanos invertir en la paraestatal.