Cohesión social
El principal problema de la estrategia del gobierno federal contra el narcotráfico lo enfrentó el presidente Calderón en su visita a Ciudad Juárez: la ausencia de la sociedad. Los reclamos de las madres de los jóvenes asesinados evidenciaron que la sociedad está pasmada pero no se ha incorporado a los planes contra el crimen organizado.
En el municipio de Monterrey, por ejemplo, el alcalde panista Fernando Larrazábal creó consejos ciudadanos y los colocó en la cúspide de las agrupaciones policiacas.
De esa manera, los ciudadanos se convirtieron en supervisores directos del funcionamiento
de las policías.
Y en el municipio neoleonés de Apodaca, el alcalde priísta Benito Caballero promovió que los jóvenes no pudieran andar en la calle después de las doce de la noche si no estaban acompañados de adultos. Así, en ambos casos, los ciudadanos se transformaron en escudos humanos para proteger del crimen organizado a los jóvenes.
En ambos casos, también, las autoridades municipales fortalecieron el tejido social y lo articularon al tejido político.
Ciudadanos y gobierno van juntos en la lucha contra la inseguridad. Y sobre todo, los ciudadanos se convierten en parte fundamental de la vigilancia de los cuerpos policiacos.
Sin la participación ciudadana, todos los planes de lucha contra la delincuencia son eminentemente policiacos. Y, al final de cuentas, la sociedad es la parte fundamental del dique contra el avance de las mafias.
En Ciudad Juárez la apatía ciudadana se percibió con claridad en el caso de los cientos de feminicidios, a menos, claro, que alguno de ellos tocara a alguna familia y ésta respondiera con estridencia.
Asimismo, el narcotráfico se fue metiendo hasta el fondo de la vida cotidiana. En Juárez existen los llamados picaderos, lugares donde los consumidores de droga se van a inyectar. Esos picaderos crecieron al amparo de la protección policiaca municipal.
Y a la luz de todos, los policías municipales pasaban cada semana a cobrar sus cuotas. La sociedad juarense siempre miró hacia otro lado.
Por tanto, es la hora en que la sociedad no sólo se debe indignar y enfurecer, sino que debe participar directamente en organismos sociales de vigilancia sobre las fuerzas de seguridad para impedir las corruptelas. Asimismo, debe denunciar, sin tapujos ni complicidades, la localización de los picaderos e incluso hacer plantones para obligar a las autoridades a cerrarlos.
Sin la sociedad, la lucha contra el narco no va a dar resultados.