Inseguridad: renuncias, pero ya
La gran lección de la protesta ciudadana contra la inseguridad en México, del sábado 30 de agosto, radicó en el resurgimiento de la sociedad. Y ya no nada más con gritos y quejas, sino con propuestas y reclamos perentorios que han puesto en jaque a las autoridades.
A diferencia del la marcha de 2004 que no fue atendida por nadie, ahora hay cuando menos dos resultados tangibles: un organismo ciudadano de observación del tema de la seguridad y la demanda del empresario Alejandro Martí de que renuncien los funcionarios del área de seguridad que no puedan con el problema.
El grito de “si no pueden, renuncien” se convirtió ya en la bandera ciudadana. Y antes de los 100 días de plazo que se puso el consejo nacional de seguridad pública para una evaluación de las nuevas propuestas, sin duda que los ciudadanos y los medios comenzarán a señalar a los funcionarios incompetentes.
Asimismo, la reunión del CNSP y la marcha demostraron que los funcionarios encargados de la seguridad en todos los niveles de gobierno no saben ya qué hacer. Las medidas anunciadas en la reunión del Consejo son las mismas que varias veces se han comprometido. Y ahora dicen que sí, que ahora sí se van a cumplir. Pero el hecho es que no se han cumplido y el país sigue de mal en peor.
Si se busca el huevo de la serpiente de la inseguridad pública, no hay que ir muy lejos para localizarlo: no es la impunidad, no son las leyes, no son los castigos. El huevo de la serpiente que incubó el problema está en las policías. Cuando los encargados de garantizar la seguridad se convirtieron en delincuentes, se pervirtió toda la estructura de la seguridad pública y la impartición de justicia.
Por tanto, si el objetivo es lograr resultados en el corto plazo, entonces la decisión debe estar en la reorganización inmediata de las policías, en la depuración de las corporaciones y en la consignación penal de todos los policías que no cumplan con los estándares de confianza. Por el peor error va a ser depurar a las policías y echar a la calle a los despedidos, porque sin duda que se convertirán en delincuentes. Ya ocurrió con la desaparición del servicio secreto y la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia en el DF y del Batallón de Radio Patrullas del Estado de México.
La sociedad exige resultados. Y ya, en el corto plazo. No en 100 días. Por eso es que la marcha del sábado 30 de agosto puso un nuevo piso; ya no esperar a que las autoridades se pongan las pilas sino exigir renuncias de los que no puedan con el paquete.