Cosa del pasado
Todavía hace un siglo, la mortalidad materna en todo el mundo por embarazo, parto y puerperio (período que sigue al parto y que dura el tiempo necesario, de 6 a 8 semanas, para que el aparato reproductor femenino vuelva a la normalidad) podía medirse en tanto por ciento. Digamos, por ejemplo, de diez por ciento. O dicho de otro modo, diez muertes maternas por cada cien niños nacidos vivos. O, de tres por cada cien, es decir, del tres por ciento. O, si era muy baja, de uno por ciento.
Eso ya es cosa del pasado. Hoy las muertes maternas por embarazo, parto y puerperio no se miden por cada cien niños nacidos vivos, sino por cada cien mil. En lugar del índice “tanto por ciento” se emplea el índice “tanto por cien mil”. Esto significa que en la última centuria se ha reducido enormemente la mortalidad por razones ligadas a la maternidad.
Actualmente, la tasa de mortalidad mundial por causas relativas a la maternidad es de 400 por cada cien mil nacidos vivos. Esta tasa es mucho más baja en América Latina: 190 por cada cien mil nacidos vivos. Pero es enormemente más baja en Europa (36), EU (11), Japón (10) y Cuba (21).
De modo que en la patria de Martí la mortalidad por embarazo, parto y puerperio es 19 veces más baja que en el planeta en su conjunto. Y es 9 veces más baja que en las naciones de Latinoamérica.
Todas estas son cifras públicas, reconocidas y avaladas por las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).
Frente a la contundencia e irrebatibilidad de estas cifras, sólo los prejuicios, la desinformación y la propaganda negra pueden negar que Cuba ha conseguido con su sistema de salud y educación públicas universalizadas y gratuitas lo que sólo unos cuantos de los países más ricos del orbe han logrado.