La perspectiva del señor Gaviria, ex Presidente de Colombia, acerca de la realidad mexicana se antoja perspicaz y, en su simplismo aforístico, agudo. La causal de nuestros males es, documentadamente, económica, pero…
Pero esa causa, si bien permanece y crece exponencialmente, ha mutado su morfología estructural y superestructural y adquirido una de naturaleza y carácter político. Esa mutación explicaría el lamentable statu quo prevaleciente.
Ahora bien, lo que el señor Gaviria no precisó fue por qué un problema de origen económico se convirtió en político y si ello implicaría que las soluciones al problema económico tendrían que ser políticas. Don César abreva en la experiencia colombiana.
Esa experiencia, sin embargo, no es subestimable ni mucho menos desestimable. Es una experiencia didascálica (didáctica) válida acerca de la cual podríanse desprender algunas moralejas que, si se guardan tiempo y lugar, sería útiles a los mexicanos.
La experiencia colombiana es presente, pues aún se dan las consecuencias de una mezcla de elementos constitutivos de su crisis: inviabilidad de la forma de organización económica y política, guerrilla, narcotráfico y ocupación militar estadunidense.
Esa ocupación extranjera, si bien no se advierte ostensiblemente, sí se manifiesta y ha permeado las capas del tejido económico, político, social y hasta cultural de ese país hermano, cuna del Libertador de América Simón Bolívar.
Un viajero cualquiera a Colombia difícilmente advertiría que ese país está en guerra, en contraste, digamos, con México –en donde la presencia militar es abrumadora-, pero si observa detenidamente descubrirá que se vive en una severísima crisis general.
El ex Presidente Gaviria, en una conferencia impartida en el Estado de México hace unos días, dijo también que el gobierno mexicano “sabe muy poco o casi nada” acerca del fenómeno del tráfico ilícito de estupefacientes y psicotrópicos. Esa afirmación parece tener miga. El colombiano explicó que el gobierno de México no abreva en las experiencias de otros gobiernos, particularmente los de la Unión Europea, en donde se privilegia la educación más que al combate a los cárteles.
Ello, desde luego, no implica que allá no se persiga a los cárteles que transportan y comercializan estupefacientes y psicotrópicos, pero el enfoque estratégico y táctico es el de educar a reducir el consumo e incluso legalizar éste.ffponte@gmail.com