Algunos leyentes solicitan que enumeremos los que a nuestro ver son indicios de que vivimos bajo opresión. La solicitud, no siempre formulada con cortesía, sino con insultos, es respondida así:
1) A diferencia de otros países –como Estados Unidos, que no pocos admiran aunque allí hay tantos pobres como en México, aquí consumimos los combustibles (gas, gasolina, diesel), electricidad y servicio telefónico
más caros del mundo.
2) Somos, por añadidura, el país campeón mundial en violaciones de derechos humanos, en tortura, en más muertos y asesinados, “ejecuciones” por día que en Irak y Afganistán.
3) Y por si ello fuera poco, somos también campeones mundiales en feminicidios, cuyo equivalente jurídico, moral y ético es el genocidio. En una urbe como Ciudad Juárez, asesinar y desaparecer mujeres parece ser el emblema citadino. Con impunidad.
4) También somos campeones en el planeta en los rubros de:
(a) desaparecer a personas –tan sólo en este sexenio ya han desaparecido unos 700 activistas sociales y políticos-- y, por tanto,
(b) somos el país monarca en el número de presos políticos.
5) Somos, igualmente, reinantes en corrupción, aunque reconozcamos que otros países comparten palmas,
guirnaldas y honores pues estamos en los primeros lugares. Orgullosamente. La corrupción es nuestra divisa incluso histórica.
El curalotodo.
6) Otro título del cual también nos sentimos orgullosos es el de nuestra aguante. Tenemos casi 500 años de resistir: primero a los aztecas, luego a los españoles, después a los criollos, más tarde a los criollos --otra vez-- y hoy a vendepatrias vía el neoliberalismo salvaje y brutal. Somos los más machos del orbe.
7) Esos campeonatos nos distinguen, pero no son tan meritorios como el del título máximo: simulamos modestia.
Pero ello no es sacrificio; lo opuesto: simulamos que simulamos y simulamos que vivimos en una democracia y que somos. Simulamos que no vivimos bajo opresión.
Las causales de la realidad aquí descritas son unas cuantas.
Simular es opresión. Simulamos incluso que somos mexicanos: éste país ya dejó de ser nuestro hace mucho tiempo.