¿Somos Comodinos?
“Los mexicanos de hoy le tienen miedo al cambio”.
Emilio Blanco Valdivia.
Hecho insoslayable es, al parecer, que los mexicanos no sabemos, como sociedad, lo que realmente queremos, aunque sí tenemos conciencia en gradación variopinta qué es lo que anhelamos y cuáles son las aspiraciones como individuos.
Como consecuencia de esa dicotomía contrastante y antipodal, los afanes individuales --que no societales ni mucho menos colectivos— de los mexicanos los objetivos y logros son efímeros, coyunturales, socialmente vanos. Prevalece el egoísmo.
Y al prevalecer el egoísmo no se piensa en los demás, desestimando un riquísimo acervo experiencial histórico que nos enseña que el esfuerzo colectivo tiene secuelas liberadoras en tanto que el empeño individual es de corto alcance y breve vida.
Tocante a lo que como sociedad no sabemos verdaderamente qué es lo que queremos (ni mucho menos tenemos conciencia de cómo quisiéremos lo que querríase), cítese al caro leyente José Enrique González Vega, quien epistolarmente nos dice:
“Coincido con uno de sus caros leyentes, en el sentido de que los mexicanos somos muy comodinos y que, debido a eso, deseamos que otros resuelvan nuestros problemas de la manera más favorable, sin realizar esfuerzo alguno. Esa es nuestra idiosincrasia”.
La condición de comodinos no es general, aunque ello no implica que esa peculiaridad carezca de verismo idiosincrásico. Podríase decir, eso sí, que la condición de comodinos aplicaríase únicamente a ciertos estratos y clases sociales.
Cierto. El vocablo “comodinos” aplicaríase sin distorsiones a aquellos estratos y clases sociales que la sociología identificaría como medias-medias, cuya cosmovisión devendría de una experiencia histórico-pedagógica diseñada para control societal.
Secuela incontrovertible de ello es el desconocimiento de los orígenes y vectores causativos de la realidad, sus componentes contextuales y sus interacciones dialécticas. Por añadidura, adviértese así mismo una secuela cultural de prejuicios incluso raciales.
Un efecto adicional, a nuestro ver dramática, es la convicción en esos estratos y clases sociales de que nuestros anhelos se harán obra de la voluntad de fuerzas metafísicas antropologizadas, percibidas como superiores, que determinan el decurso individual.
En esos estratos y clases sociales que abarcarían estamentos hacia arriba –las élites socioeconómicas y políticas-- y hacia abajo (grupos proletarizados y/o marginados con aspiraciones de movilidad-- no hay afanes reivindicatorios organizados.