Obama
El Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, visitó al Presidente de Facto de México, Felipe Calderón. ¿Motivo? Estrechar la relación bilateral, en lo general, independientemente de cual sea –y es— ésta.
Empero, en lo específico y particular, don Barack tiene un móvil poderoso: asegurar los términos y el alcance de la dependencia histórica de México como abastecedor de materia prima –incluyendo mano de obra migrante— y mercado de ida y vuelta.
Esos móviles, discernidos así, son sin duda estratégicos para el Estado estadunidense y su naturaleza vera, la imperialista, que ya en retirada --como lo manifiestan las crisis económica y sociopolítica planetarias-- se repliega a sus líneas de defensa próximas.
Cierto. El Imperio está en retirada. Pero ello es también mala noticia para México, pues aumentará el control estadunidense sobre el poder político –de espuria nacencia—del Estado mexicano, emblematizado en la propiedad washingtoniana de Banamex.
Los móviles, señálese, sufren metamorfosis de atuendo, cosmética, precisamente para disfrazarlos u ocultarlos. Ese disfraz es la fanfarria que rodea a la visita de Estado del señor Obama y las expresiones jubilosas de adhesión a los valores de la buena vecindad.
Mas el falso júbilo de los formalismos diplomáticos se convierte en un telón de fondo contrastante. Lo que el estadunidense quiere del Espuriato local no es condicionable a imperativos estratégicos mexicanos. Don Felipe lo tiene claro.
Muy claro, reitérese: no en vano el Fondo Monetario Internacional –es decir, EU— le dio a don Felipe una proverbial y mexicanísima “mordida” de 47 mil millones de dólares para reforzar, supuestamente, las finanzas del poder político del Estado.
Con esa “mordidota” –muestra táctica persuasiva del interés estratégico de EU--, don Barack llega a México y, guardando las formas de la diplomacia, exige. El señor Calderón accede, sin opciones ni alternativas, pues ya fue comprado.
¿Y qué logra a cambio como ñapo o pilón el señor Calderón, además de esos 47 mil millones de dólares? Tecnología contrainsurgente y control coactivo sobre la sociedad mexicana bajo la guisa de combatir al narcotráfico y la seguridad. Más narcoguerra.
A EU le preocupa la ingobernabilidad política aquí. Al replegarse el imperialismo a trincheras en su patio trasero, lo que menos desea es una insurgencia societal y política. La narcoguerra mantiene a la gente aterrorizada y sin organizarse políticamente.