La Vía Zapatista
En el libro "Corte de Caja: entrevista al subcomandante Marcos" --de disponibilidad pública ocurrente en anaqueles y plúteos-- de la periodista Laura Castellanos y con fotografías de Ricardo Trabulsi, tiene el insoslayable mérito de la precisión.
Y esa precisión mueve a reflexiones acerca de la razón de ser del zapatismo indio, de su naturaleza, sus alcances y objetivos estratégicos, su evolución y desarrollo, sus cortedades y potencialidades, el propio subcomandante Marcos, etcétera.
Doña Laura --es decir, el entrevistado, el subcomandante Marcos-- precisa con apabullante nitidez que el fin estratégico del zapatismo indio no es tomar el poder entendido en su sentido convencional y en el entorno de la cultura política mexicana.
Precisa, con diáfana elocuencia, que no se trata del "quítate tú para ponerme yo" y disfrutar los gajes de investiduras e instituciones del poder copada por una subclase societal conformada por profesionales de la corrupción.
También se precisa en el libro de doña Laura --un documento que, a nuestro ver, encenderá conciencias al estilo de Eduardo Galeano-- que los fines del poder en México han sido monstruosamente trastocados: es ejercido por unos cuantos.
No es, pues, ejercido por todos ni para todos. Ello fomenta la simulación, el disfraz y el mimetismo, las socaliñas y las mentiras y el engaño. Tiene manifestaciones inicuas de abusos de las potestades coactivas del poder, censura y represión.
Ello da origen al doble discurso; hace de éste y la demagogia una tramoya para inducir y manipular conductas colectivas, para que prevalezca impunemente el interés particular o faccioso. Por la impunidad se transita de la hipocresía al cinismo.
Así se atenta contra la esencia misma de toda modalidad o forma de organización política que se ostenta democrática o se describe a sí misma como una democracia. La vía del zapatismo indio es, en los hechos, una muy novedosa y, a su vez, antigua.
Es la vía de la renovación constante. Los caracoles --como llámansele a autonomías municipales o equivalentes-- o juntas de buen gobierno. Esas instituciones son de una gran movilidad. Sus personeros duran, cuando mucho, 15 días en el cargo.
De esa guisa, mujeres y hombres asumen responsabilidades en común.
Concluidos sus funciones, vuelven a sus tareas u oficios habituales en la selva, en la agricultura en las fincas abandonadas por los terratenientes y recuperadas por zapatistas.
La imagen pública del zapatismo indio y del propio subcomandante Marcos se sustenta todavía sobre una base de percepciones subjetivas, románticas, pueriles, distorsionadoras de la cosmovisión indígena, descontextualizadas.
Y doña Laura recoge las definiciones del propio Marcos, las cuales establecen, de vida voz, sus trascendencias propias. Ese libro antójase fiel a la tradición educativo-histórica-orientadora-explicativa del mejor periodismo trascendente.
En ese sentido, este esfuerzo de la señora Castellanos (y no en menor medida, el del fotógrafo Trabulsi-- es superior al, dígase, otros entrevistadores del subcomandante Marcos: Julio Scherer, un icono de nuestro periodismo, y Ricardo Rocha.
Las entrevistas realizadas por los señores Scherer y Rocha fueron para televisión, un medio difusor que por naturaleza descontextualiza hechos y sucedidos y sus protagonistas. La de don Ricardo fue patética: parecía no saber qué preguntar.