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Lectura, placer incógnito

Una lectura tiene muchos rostros que, como si fueran máscaras, los lectores decidimos vestir, según la ocasión. Puede ser un esfuerzo por interpretar al autor e indagar por qué escribió de tal o cual forma y sonsacar sus secretos conforme avanzamos.

Puede ser también que busquemos un escape a nuestra realidad; otros ojos para ver el mundo u otros mundos. O ser, en cambio, una búsqueda de nosotros mismos en otros espacios, en otras personas. Sea como fuere, la lectura puede ser tan maravillosa como un viaje por el orbe, sin necesidad de pagar aviones y hoteles. O puede no serlo.

La lectura debe ser una experiencia estética motivada por el placer incógnito del texto, por lo desconocido. No sabemos qué encontraremos y no todos los textos son para nosotros. Pero todos los textos pueden llegar a serlo. En la lectura, pese al placer, hay un método riguroso y cansado que toma años en irse desarrollando dentro de nosotros.

Toma tiempo y esfuerzo ser un lector constante, y esto hay que reconocerlo siempre. Por ello, no es agradable apurar la lectura, cosa que incluso puede llegar a ser contraproducente. Alguien que usa distintas máscaras frente a un texto, es quien ha probado y degustado otros, en muchas ocasiones, alguien que ha refinado su habilidad lectora con el esfuerzo de muchas páginas dejadas atrás.

La lectura se siente como una amiga cuando la hacemos tal, cuando le damos la oportunidad de abrazarla y pasar años junto a ella. Y nos trata mal cuando la olvidamos en un rincón y la buscamos cada mucho tiempo. Hacer la lectura nuestra es hacernos de ella, volvernos “clientes frecuentes”. De ahí que no hay que olvidarse nunca de ella, aunque a veces dejemos de darle una visita y sentarnos a su lado para reír o llorar, pero siempre a disfrutar.

Alex Portilla
Leer por contagio

Alejandro Portilla

 
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