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Distintas escrituras

A los niños hay que ser capaces de escucharlos desde los primeros trazos y sonidos. No podemos reducirlos a un par de ojos que ven, unos oídos que escuchan, un aparato que emite sonidos y una mano que aprieta con dificultad un lápiz sobre una hoja de papel.

Verlos sostener torpemente un lápiz y trazar un par de líneas desordenadas, es muy grato. No debemos olvidar que ellos ven, escuchan e, incluso, saborean y respiran todo lo que los rodea, aunque muchas veces no sepan expresar qué sienten.

De ahí que acompañarlos en esos momentos en los que escriben o dibujan, es tan importante como valioso. Los niños siempre logran expresar, a su singular manera, cómo viven y sienten.

Son esas sutiles palabras que pronuncian, esas líneas no finamente trazadas que forman letras y dibujos, que nos enseñan qué y cómo leen. Y a nosotros nos toca estar ahí para escucharlos y guiarlos.

Detrás de la mano hay un sujeto que piensa y trata de incorporar a sus propios saberes esta forma de representar y recrear la lengua que es la escritura, todas las escrituras (alfabéticas o gráficas).

Sentarlos a que dibujen, mientras nos cuentan una historia y les preguntamos cosas al respecto, genera un fuerte vínculo de confianza y les ayuda a aprender a estructurar sus ideas.

Por otra parte, actividades como leer poemas y cuentos, y que describan lo que entendieron (o no), también les ayuda a plasmar las ideas que vienen a su mente. Estas actividades, además, generan un pensamiento crítico en la medida en que se preguntan o hablan de detalles en los que no suelen reparar.

Estas actividades tienen un nivel complejísimo de evaluación, ya que cada individuo obtiene cosas distintas desde una misma lectura. Sin embargo, hacerlo de una manera libre y sin afán de la evaluación, es valiosísimo y gratificante.

Alex Portilla
Leer por contagio

Alejandro Portilla

 
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