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Solo contra el papel

En la vida existen muchas formas de encararse, encontrarse solo y sentirse a gusto de estar así. Pocos momentos son tan gratificantes y, al mismo tiempo, lo dejan a uno tan en paz como leer un buen libro y disfrutarlo. Claro que compartirlo o leerlo en compañía puede ser muy agradable, pero generalmente leemos solos y eso, hay que distinguirlo, produce placeres diferentes.

Cuando uno lee, su mente vuela a las palabras y de estas a los rincones de su mente. A veces, imaginamos las escenas de los libros y en otras nos imaginamos en ellas.  Asimismo, de pensar en una escena, pasamos a pensar en la vida, en imaginar lo que haremos o en recordar algún pendiente.

Todos estos momentos rara vez ocurren cuando estamos en compañía de alguien, y es diferente a otro tipo de pensamientos que tenemos al hacer diferentes actividades, salvo, quizá, la escritura.

Y escribo “quizá”, pues al redactar vaciamos nuestras ideas en el papel o en la computadora; leer, en cambio, no nos demanda ordenar nuestras ideas ni compartirlas, podemos dejar volar nuestra mente; podemos ser héroes y villanos; llorar y reír en momentos insospechados; soñar con otros mundos hechos para nosotros, y todo esto y más, sin tener que compartirlo con nadie.

La soledad deja de serlo cuando tenemos un libro que, como si fuese un traje hecho a la medida, nos atrapa y atrae a la perfección. El libro nos viste y nos adorna de formas tan hermosas que, pese a que nos puede llevar a lugares donde no queremos estar, siempre nos acompañará hasta el final. Y cuando encontramos un momento hermoso, este nos seguirá para siempre.

Alex Portilla
Leer por contagio

Alejandro Portilla

 
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