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La salsa de la vida

 

Hubo un tiempo en que se decía “la rumba es cultura”,  y lo que era música de vecindad, salones de baile y cabarets se volvió arte; eran los años setenta, y Rubén Blades, Willie Colón y el bar León eran culturalmente bien vistos.

Revivieron Celia Cruz y Daniel Santos, e ir al Salón Colonia a bailar danzón era como hacer trabajo de campo para los estudiantes de antropología.

Los estudiantes de comunicación se afanaban por aprender los pasos para bailar cumbia al estilo de Rigo, y se daban cita puntual en el California Dancing, o iban a la colonia Guerrero, a la pista sagrada del salón de baile Los Ángeles, para hacer efectivo aquel eslogan de  “Quién no conoce Los Ángeles, no conoce México”.

En los barrios se volvió un orgullo bailar de a brinquito, y el sonido La Changa, de Ramón Rojo, el Casa Blanca, de Pepe Mirada,  el de la Socio, o el Rolas, se volvieron mitos de la cultura popular urbana.

Entonces el bailar en un ladrillo o de a cartoncito de cerveza se volvió un arte. Los pachucos sacaron de sus roperos los trajes amplios, con zapatos de tacón cubano, las cadenas colgadas de la pretina del pantalón, y las mujeres no reprimieron su sensualidad: usaron vestidos de lentejuela o chaquira, zapatillas de tacón alto y mostraron el gozo del baile, la gracia de la vida, la dicha inicua, de en tres minutos, expresar su sensibilidad con los movimientos del cuerpo.

Los periodistas descubrieron que lo que pasaba en las películas de las “rumberas” simplemente tenía su conexión con la realidad, la ciudad se volvió una fiesta de la rumba y los salones de baile, los recintos sagrados.

En las fiestas de XV años, la estética popular demostraba que tenía belleza y había sensibilidad para mover el cuerpo con gracia. Uf, qué tiempos aquellos donde se podía bailar, hablarle al oído a la pareja, tomarla por la cintura y dirigir sus movimientos.

El gusto por vestirse de manera elegante para ir a bailar se hizo tradición, y se demostró que la rumba es cultura… ¡Ay, ojitos pajaritos! Todo lo que se hace con sentimiento puede llegar a ser arte.

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¡Ay, ojitos pajaritos!
Armando Ramírez
Periodista, originario de Tepito, y Novelista, autor entre otras obras de Chin Chin El Teporocho, Quincea�era, Noche de Califas, Pantaletas. Cronista en el programa "Matutino Express" de Foro TV. Ha colaborado en programas de televisi�n con Ricardo Rocha, Brozo, Carlos Loret de Mola y en programas de radio, con Gloria Calzada, Lalo Salazar, y como conductor en "La Hora del Vecino, en XEW.
 
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