Sin unidad nacional no hay Independencia

 

Veintiséis años después de consumada nuestra Independencia, o sea, en 1847, se demostró palpablemente que sin unidad no hay soberanía nacional, ni independencia que valga ante las ambiciones del extranjero.

La invasión norteamericana fue prueba de fuego que nos costó la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio, cuya sustracción fue producto no sólo de la agresión militar del expansionismo monroísta, sino también de  la traición y la profunda división sufrida en nuestro país como consecuencia de las ambiciones de poder.

En apenas 26 años, la presidencia de México cambió de manos en 42 ocasiones. ¡Algo insólito en verdad! El caos sembrado en el país, a través de los grupos secretos del rito de York, de inspiración poinsettista, contribuyó a nuestra derrota en 1847.

Es tiempo de que los mexicanos aprovechemos la terrible lección que nos dieron los sucesos  ocurridos entre los años 1846, 1847 y 1848, cuando quedó muy dañada nuestra independencia nacional y la bandera de los invasores fue izada en Palacio Nacional, el  14 de septiembre de 1847 a las siete de la mañana, donde permaneció hasta el 12 de junio de 1848, después de firmados los Tratados de Guadalupe-Hidalgo, una vez formalizado el despojo que sufrimos.

Las insanas pasiones por alcanzar el poder, llevaron a gente extraviada del amor a nuestra Patria, como  Francisco Suárez Iriarte, alcalde de la Ciudad de México impuesto por  Winfield Scott, jefe del ejército invasor, a homenajear a los agresores con un banquete o “convite” en el Desierto de los Leones, después de la firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo – febrero 2 de 1848 -, “para que México fuera anexado totalmente a los Estados Unidos”. Así de grande era el extravío y la traición de muchos que perdieron la fe en México y se adhirieron al “sueño americano”.

Aprendamos la gran lección de la invasión norteamericana de 1846-1848. Si amamos a nuestro país. Si lo queremos ver libre e independiente con disfrute de su soberanía siempre, conservemos la fe en nuestro destino nacional. Los mexicanos hemos sido divididos  perpetuamente por intereses extraños. ¡Ya basta!

La Independencia y la Soberanía Nacional, son valores por los cuales se debe luchar siempre. Es tiempo de que los mexicanos aprendamos a desarrollarnos  y a progresar en concordia. Nuestro valer propio debe ser el centro de la unidad nacional. El bicentenario de la Insurgencia debe llevarnos a practicar esta convicción liberadora, convencidos de que las discordias entre los hijos de una nación a nada positivo conducen.

 

* Periodista desde 1952. Ha escrito 19 libros. La historia y la capital, son sus temas favoritos. Premio Nacional de Periodismo.

 
 

     
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