Carta a los Reyes Magos
Melchor, Gaspar y Baltasar, los tres Reyes Magos, que la tradición popular los ha convertido en santos aunque en el santoral de la Iglesia Católica no figuren como tales, marcan el inicio de los eventos importantes de cada año; al mismo tiempo que señalan el final del famoso puente Guadalupe – Reyes que se inicia con las fiestas guadalupanas de cada 12 de diciembre.
Sin proponérselo, Melchor, Gaspar y Baltasar, tienen la ingrata tarea de hacer el último saqueo de los magros bolsillos de los jefes de familia, que cuando lean nuestra columna estarán montados en su caballo, elefante o camello, con las cartitas que sus chiquillas o chiquillos enviaron a los “Santos Reyes” con su larga lista de juguetes solicitados, con la promesa de portarse bien durante el año que se inicia.
La noche previa a la llegada de los “SANTOS REYES”, los chiquillos y las chiquillas colocan junto al árbol de Navidad cubetas con agua, pastura y otros alimentos para el caballo, el camello y el elefante que transportan a los distinguidos visitantes.
No faltan los infantes que se desvelan tratando de conocer a los legendarios reyes que vienen de largo viaje, pero el sueño los vence y no logran su objetivo y prefieren dormirse con esa ilusión, despiertan en las primeras de la mañana y van de prisa a constatar si los “Santos Reyes” surtieron todo el pedido.
En muchos de los casos – por no decir la mayoría –Melchor, Gaspar y Baltasar en pocas palabras se disculpan por no haber satisfecho por completo el pedido de las cartas: o se agotaron los juguetes o no le alanzó el tiempo, o algún otro pretexto, que los chiquillos y chiquillas aceptan con cierta frustración.
Los niños y las niñas de la clase media – lo que queda de la clase media – estarán mañana disfrutando los juguetes que los “Santos Reyes” pudieron surtir hasta donde les alcanzó “el presupuesto”; los de la clase debajo de la media, tendrán uno que otro juguetito y los millones que viven en la extrema pobreza no tendrán ni un juguete.
Los hijos e hijas de la clase pudiente que hicieron sus pedidos por Internet recibieron completo su pedido, hasta con valor agregado.
Queridos “Santos Reyes”:
El columnista confiesa su ignorancia en cuanto al origen de sus nombres, así como el origen de su tarea de atender millones de cartas que les envían los niños mexicanos en los primeros días del primer de cada año, en demanda del regalo de juguetes.
El Evangelio de San Mateo solamente relata que unos magos vinieron de Oriente a Jerusalén y guiados por una estrella fueron a Belén y postrándose adoraron al niño Jesús, abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.
Quizás de ese hecho se derivó la generosidad de esos magos, trasladándose a la tradición del regalo de juguetes a los niños cada 6 de enero, en el Día de Reyes.
Solamente les pido que también tomen en cuenta a los millones de niños mexicanos que viven en la extrema pobreza y no saben escribir, ni mucho menos tienen dinero para comprar un lápiz y una hoja de papel.
|