El sida y las etiquetas
Aunque las cifras varían de país a país, se sabe que de cada cien personas infectadas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), ochenta son varones y veinte son mujeres. O, dicho de otro modo, que el 80 por ciento de los infectados con el virus del sida son hombres.
Pero también se sabe que de ese universo de hombres infectados con el VIH, el 85 por ciento son hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres.
Pongamos un ejemplo numérico absolutamente arbitrario y sólo con fines explicativos. Supongamos que existe un millón de personas infectadas con el virus del sida. Pues bien: de ese millón, 800 mil son hombres y 200 mil son mujeres. Y de esos 800 mil varones, 680 mil (el 85%) son hombres que han tenido o tienen relaciones sexuales con hombres.
El lector habrá notado que para hablar de los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se ha empleado ni se emplea la palabra homosexuales.
Se trata de un criterio establecido por los científicos que estudian el problema de la propagación del sida. Estos saben que muchos hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres no se reconocen a sí mismos como homosexuales, sino como heterosexuales o, bien, bisexuales.
No calificar como homosexuales a los hombres que tienen o han tenido relaciones sexuales con hombres puede parecer a muchas personas un criterio discutible o equivocado. Pero para detener o atemperar la propagación del sida, los calificativos no tienen importancia. Lo importante es saber cómo se propaga el sida. Porque sabiendo esto se puede combatir de manera más eficaz la pandemia.
La palabra homosexual califica a una persona, en tanto que la expresión “hombres que tienen o han tenido relaciones con hombres” describe un hecho. Y ya se sabe que el avance científico no se basa en etiquetas o calificaciones, sino únicamente en el riguroso conocimiento de los hechos.
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