La burbuja
Lucas Alamán escribió alguna vez acerca de la "desgraciada propensión" de los mexicanos a "gastar pródigamente cuanto tienen sin pensar en el porvenir". Éste prohombre tenía razón.
El eminente conservador que fue don Lucas aludía, obvio antojaríase, a los mexicanos de su época, allá por 1825, aunque su aserto acusa vigencia sorprendente en los días navideños y de Año Nuevo.
Y si bien no se advierten diferencias cualitativas en esos hábitos del mexicano, sí se identifican distinciones en cuanto al contexto económico, político, social y cultural del antaño y del hogaño.
Tal vez en 1825 –recién se había iniciado el primer gobierno del México independiente, el de Guadalupe Victoria-- los pudientes del comercio, la oligarquía de entonces, no inducían el consumismo.
Y es de suponerse que los oligarcas no tenían que andarse por las ramas y, si por el piso, con los pies de plomo para no defraudar a los mexicanos de la época con falsas gangas y ofertas.
El mexicano que describe Alamán gastaba con largueza sus magros ingresos en algo esencial: comer y vestirse; en otras palabras, en subsistir. Quizá se endeudaba también para financiar festejos.
Pero el vector central, mayor y principal del contexto de 2008 es que "gastar pródigamente" es una propensión inducida mediante el uso avieso de la publicidad.
Así es. Hoy, el mexicano medio se endeuda –de hecho, está tan endeudado que ya frisa la bancarrota— inducido por quienes proveen bienes de consumo innecesario y servicios también nimios.
El inducimiento de gran alcance es por la vía del crédito. Éste no es otra cosa que la venta de dinero a un precio más alto que el normal. Negocio de los bancos y no pocos grandes comercios.
Los bancos y los grandes comercios fomentan el consumismo compulsivo, obsesivo e incluso fetichista y, por tanto, enfermizo. El mexicano compra, compra y compra. Y compra más. Y más.
Ello ha creado una burbuja que, a la luz de ciertos indicadores dramáticos, ya reventó. La morosidad preocupa a los bancos y grandes comercios, incubándose así otro ciclópeo rescate.
Pero, ¿quién rescatará a bancos y grandes comercios? De hecho, el Estado ya realiza ese rescate. Con dinero de todos nosotros, morosos o no. El rescate será deuda pública. Nuestra deuda. Inescapable.
Entre tanto, hoy como ayer los mexicanos gastamos lo que no tenemos sin pensar, decía don Lucas, en el porvenir, en ese día del siete de enero de 2009. ¡A subir la cuesta!
De cualesquier maneras, sobregastados y muy, muy endeudados más allá de nuestra capacidad real de pago, deseamos a los caros leyentes un ¡feliz lúdico tránsito al año nuevo!
ffponte@gmail.com
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